¿Cómo son las mujeres de las Farc?

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De entrada hay que decir que a muchas integrantes de las Farc que han llegado al Punto de Preagrupamiento de La Paz, Cesar, se les nota el temple y las ganas de trabajar.

Adriana por ejemplo, es blanca y tiene una mirada recia, dura, da la impresión de estar muy concentrada siempre y sólo en muy raros momentos deja escapar un gesto tierno que la recubre de feminidad.

Ana y Alejandra, siempre de camuflado, dejan ver su juventud en el atisbo de inocencia que aún guardan. Alejandra es morena, churca, siempre feliz; mientras que Ana es un poco más pausada, pareciera respirar muy despacio, como suspendida en el aire; aunque ambas son fuertes y casi siempre están sudando producto de sus labores.

Algunas de las mujeres del Punto de Preagrupamiento son claramente de origen indígena, un poco más maduras, se ven llenas de vida, sus ojos oscuros brillan adornando una sonrisa atrayente que sólo cesa para dejar salir un canto; porque hay que decirlo, las mujeres de esta región del país cuando hablan parecen más estar cantando alegremente.

También hay mujeres mayores. Muy serias. Muy puestas. Con la sabiduría de los años impregnada en su forma de andar. Se encargan de la comida, del café, de que todo esté en orden en este sitio decorado de ceibas, guayabos, guayacanes, mangos y limones.

Antes de salir del campamento varias mujeres cuentan chistes y sonríen con tanta fuerza que llenan todo con un eco encantador que va y viene redoblando la belleza natural de este punto en medio de la manigua tropical.

Ya en la retirada, el último puesto de vigilancia es controlado por dos hermosas jóvenes: una de ellas tiene un pantalón con los colores del tigre mientras la otra, sostiene una manta indígena en sus manos; ambas ríen con una mucha picardía, como dueñas de un secreto que no conoceremos jamás.

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