Compartiendo diálogos conmigo mismo: La contemplativa del verdadero amor

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Víctor Corcoba Herrero
Víctor Corcoba Herrero

(El referente de la Sagrada Familia como auténtica escuela de AMOR)

 

 

 

I.- JESÚS

Jesús camina siempre con nosotros,

vive en nosotros y por nosotros sufre,

muere en la cruz, haciéndose camino

en nuestro andar, ¡luz que nos guía!

 

Es necesario salir a su encuentro,

reencontrarse uno mismo, fundirse

con sus llagas hasta licuarse de amor,

que amar es vivir, ¡adorar al Dios vivo!

 

Nada me desvela tanto como venerarle,

convivir con mi soledad en su silencio,

escucharle, sentir su presencia en mí,

pues sólo él, ¡es el Dios de nuestra vida!

 

II.- MARÍA

María, que dio un rostro humano al verbo

divino, hasta engrandecernos como espíritu,

ofreciendo su gran corazón para dar posada

a Dios, y así, ¡nada es en Jesús sin su Madre!

 

Por ella, todo en esta tierra tiene un afecto

maternal de cercanía, que nos alienta y aviva,

que nos esperanza y fortalece, para continuar

viviendo la alegría, ¡reviviendo el efectivo gozo!

 

Ella nos da a su hijo, nos hace ver que Dios

nos ama hasta el extremo de donarse todo,

de dar la vida; y esto es grande, esto es hermoso,

como lo es el amor de madre, ¡el amor de María!

 

III.- JOSÉ

San José, el augusto esposo de María, irradia

la pureza de la hondura del lazo conyugal,

la custodia atenta de la vida de un Niño,

siempre en crecimiento, ¡en protección!

 

Ya en su tiempo, José fue un refugiado,

con María y Jesús, que hubieron de escapar

de Herodes, pues esta vida tiene sus tormentos,

y también sus aleluyas, ¡siempre en familia!

 

En la vida familiar de María y José, un Niño

ocupa el centro de sus quehaceres, irrumpe

la inocencia de los lloros y las risas, se recrean

y se crecen con él, ¡todo está centrado en Jesús!

 

Víctor Corcoba Herrero

corcoba@telefonica.net

6 de agosto de 2016