En su primer concierto en Colombia, el noruego Eivind Gullberg Jensen dirigirá a la Orquesta Filarmónica de Bogotá, que ha preparado un repertorio llamativo con las obras: Danzas noruegas Op. 35 de Edvard Grieg, el Concierto para clarinete Op. 57 de Carl Nielsen y la Sinfonía No. 2 en Re mayor Op. 43 de Jean Sibelius.

Eivind Gullberg Jensen es un músico reconocido en la escena internacional por su papel como director. Ha presidido la Orquesta Sinfónica de Hamburgo, la Filarmónica de Berlín, Filarmónica de Múnich, Orquestas Filarmónica de Oslo, Royal de Estocolmo y la Orquesta Filarmónica de la Radio Holandesa.

Las Danzas Noruegas de Grieg tienen como base piezas para dos pianos de estilo folclorista que eran usadas especialmente para la entretención de las mujeres de la burguesía del siglo XIX. “De la bravura y angulosidad de las piezas originales para piano… se pasó a su versión sinfónica, de contornos más suaves, con frases largas como si estuvieran llenas de aliento y respiración”, describió el musicólogo Ricardo Rozental.

Este cuadro nórdico del concierto lo complementa la Sinfonía No. 2 en Re mayor Op. 43 de Jean Sibelius, considerado como un continuador de la tradición romántica de Tchaikovsky y Grieg. Sobre la obra surgió un gran debate por sus supuestos rasgos nacionalistas, posteriormente desmentidos por el propio autor.

La parte solista estará a cargo del clarinetista colombiano Guillermo Marín, quien se ha destacado en la interpretación de música colombiana, logrando el reconocimiento del público capitalino. Marín fue clarinetista de la Youth Orchestra of the Américas YOA, Ganador del Primer Concurso Nacional de Clarinete Henry Selmer Paris Philippe Berrod Categoría Superior (Bogotá), VIII Concurso Nacional de Interpretación Musical Ciudad de Bogotá y Segundo Puesto en el Concurso de Interpretación del Concierto para Clarinete de Jean Francaix en el VIII Festival de Jóvenes Clarinetistas Venezolanos.

En esta ocasión, Guillermo Marín interpretará el Concierto para clarinete Op. 57 de Carl Nielsen (también nórdico), una obra compactada en un solo movimiento y que requiere de la totalidad de las cuerdas, dos fagotes, dos cornos y un redoblante.

“El efecto es que esta obra tan breve y sin divisiones ni contrastes de movimientos deja la sensación de haber sacado total provecho del rango sonoro del clarinete, aprovechado al máximo la orquesta reducida y brindado una excursión por todas las emociones”, enfatizó el musicólogo Ricardo Rozental.


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