Con frecuencia, cuando se habla de un ataque cerebrovascular (ACV) se relaciona con un episodio que no tiene vuelta atrás. No obstante, según un estudio de Nacional Stroke Association aproximadamente entre el 5 y el 10% de las personas que tienen un episodio como este logran retomar su vida normal y un estudio publicado en la Revista Stroke: “The role of lifestyle factors in the etiology of stroke”- 1994 advierte que tener hábitos de vida saludables reduce el riesgo de presentar un ACV.

Adicional a estos datos también se conoce que pacientes con hipertensión arterial diabetes, colesterol alto y falla renal tienen alto riesgo de padecer un ataque de este tipo, el cual con factores asociados como el consumo de bebidas alcohólicas, las drogas y el sedentarismo, puede incrementar.

Camilo Andrés Romero, neurólogo de la Fundación Cardioinfantil – Instituto de Cardiología explica que existen varios tipos de ataques cerebrovasculares. El denominado ataque hemorrágico en el que hay una ruptura de vasos sanguíneos en la cabeza, y el más común, el ataque cerebrovascular isquémico que se origina por taponamiento el cual produce una obstrucción del flujo de sangre hacia el cerebro, así como de nutrientes y oxígeno.

“En el caso de los taponamientos hay dos fenómenos que los pueden producir.  Por un lado, uno embólico, en el cual fragmentos de sustancias que viajan a lo largo de los vasos terminan generando una obstrucción, estas sustancias generalmente son acumulación de grasa, calcio o bacterias que forman grumos.  Por otro lado, está el trombótico, en el que la pared del vaso se daña y favorece la formación de coágulos que terminan cubriendo los vasos sanguíneos”, afirma Romero.

Los síntomas más comunes de estos episodios son: alteración en el habla, alteración motriz con pérdida de fuerza en alguna parte del cuerpo como piernas, brazos o cara. Lo que se recomienda cuando está presentando alguno de estos síntomas es dirigirse a un centro de salud, para poder darle un control previo a este ataque y evitar mayores complicaciones. De no ser así, el paciente podría quedar con un daño permanente en su sistema neuronal.

Existe otro tipo de ataque cerebrovascular llamado isquémico transitorio, que se caracteriza por presentarse de manera silenciosa por un taponamiento transitorio en un vaso sanguíneo del cerebro. De acuerdo con el neurólogo en estos casos, el cuerpo por sí mismo se encarga de destapar las vías sanguíneas rápidamente, sin dejar ninguna secuela o síntoma en el paciente.  De manera que la persona puede estar sufriendo un ataque sin darse cuenta, el problema es que la acumulación de estos coágulos puede desencadenar en un ataque cerebrovascular complejo.

“En el país la población de los adultos mayores  presenta un alto riesgo de padecer ataques cerebrovasculares. Sin embargo, en los últimos años ha aumentado la cifra de jóvenes que sufren este tipo de episodios por malos hábitos. En la Fundación Cardioinfantil, por ejemplo, actualmente se llegan a atender alrededor de 150 pacientes cada 6 meses”, agrega Romero.

Los pacientes que han sufrido un ataque deben recibir medicamentos para disminuir la posibilidad de un nuevo evento, al igual que iniciar un proceso de rehabilitación para tratar de buscar nuevamente la funcionalidad de las partes del cuerpo que se vieron afectadas.

El doctor Romero recomienda llevar hábitos de vida saludables para reducir el riesgo de sufrir un ataque cerebrovascular:

  1. Dejar de fumar y consumir alcohol: posiblemente estos son los enemigos número uno de la salud. Dejar estos malos hábitos ayuda a controlar la presión alta.
  2. Eliminar el consumo de sustancias psicoactivas: sustancias como la cocaína o la metanfetamina reducen el flujo sanguíneo y puede estrechar las arterias provocando obstrucción.
  3. Controlar la presión arterial: para tener la presión bajo control es recomendable hacer ejercicio, controlar el estrés, mantener un peso saludable y limitar la cantidad de sodio.
  4. Reducir la ingesta de alimentos altos en grasa y controlar el colesterol: llevar una dieta con cinco o más porciones diarias de frutas y verduras puede hacer la diferencia para mejorar la salud.  Además es recomendable incorporar a la dieta más semillas, cereales y fibra.
  5. Realizarse exámenes periódicos: para monitorear que el valor de la glucemia, el colesterol y los triglicéridos esté dentro de los parámetros de normalidad. Si se tiene un factor de riesgo como hipertensión, falla cardiaca o colesterol alto, seguir las recomendaciones que dicta su especialista.
  6. Realizar de 30 a 40 minutos de actividad física todos los días: el ejercicio además de reducir la presión arterial ayuda a controlar el peso, la diabetes y reducir el estrés. Realizar actividades como trotar, nadar o montar bicicleta ayudará a aumentar el colesterol de lipoproteína de alta densidad y mejorar la salud en general.
  7. Tratar la apnea obstructiva del sueño: si existe sospecha de haber sufrido un ataque isquémico transitorio, se puede recomendar hacer una evaluación del oxígeno para verificar si existe algún trastorno y tomar medidas a la hora de dormir.

Acerca de la Fundación Cardioinfantil – Instituto de Cardiología
La FCI es una institución privada sin ánimo de lucro, fundada en el año 1973 por los hermanos Reinaldo y Camilo Cabrera Polanía. Fue catalogada como el primer hospital de Bogotá y el sexto mejor de Latinoamérica, según el ranking 2017 de la revista América Economía. Es una de las pocas instituciones colombianas acreditadas internacionalmente por la Joint Commission International y en el año 2015 recibió el reconocimiento como Hospital Universitario por parte de la Comisión Interestatal para el Talento Humano en Salud, mediante el Acuerdo 00240 con una vigencia de 7 años. En temas de investigación ha evolucionado en los últimos años, recibiendo por parte del Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación – Colciencias el reconocimiento como Centro de Investigaciones que cumple con los parámetros de un instituto de alto nivel.