Colombia es lo que parece una nación capitalista. Su vecina oriental, Venezuela, es lo que parece una nación socialista, desastrosamente gobernada.

En estos días, esa dicotomía se observa mejor en la frontera entre Colombia y Venezuela.

Todos los días, en varios puntos de la frontera, decenas de miles de venezolanos entran a Colombia para encontrar alimentos, medicinas y otras provisiones. Lo hacen, porque a menos que seas una élite de Maduro como Delcy Rodríguez, las satisfacciones básicas de la vida ya no están disponibles en Venezuela. Buscar bienes o incluso caridad en Colombia, no es tanto una oportunidad para los venezolanos sino que se ha convertido en una necesidad para su sobrevivencia.

Sin embargo, el contraste entre Colombia y Venezuela no es accidental. En cambio, es el reflejo de un mejor gobierno en Colombia y su compromiso con la libre empresa y el estado de derecho. Colombia se encuentra en una senda ascendente dejando atrás sus guerras de décadas contra los narcotraficantes y las guerrillas comunistas. Al mismo tiempo, Venezuela está descendiendo de ser un país relativamente rico a un estado socialista fracasado.

Entendamos que con una tasa de crecimiento económico promedio de apenas un 1%, Colombia no ha prosperado en la última década. Pero lo que ha hecho es sentar las bases para su futuro mejor. Bajo el actual presidente, Juan Manuel Santos, el gobierno colombiano ha trabajado duro para forjar acuerdos de paz duraderos con los paramilitares de izquierda y de derecha, que en su día eran intratables. Santos también ha presidido un agresivo acercamiento a los inversionistas extranjeros. El grupo bancario de Santander ahora evalúa que las protecciones de los inversionistas en Colombia son algunas de las más fuertes en el mundo, agregando que:

En Colombia, la [inversión extranjera directa] se beneficia de un marco legislativo muy atractivo … La ratificación de un acuerdo bilateral de libre comercio con los Estados Unidos en octubre de 2011 y el establecimiento de reglamentos especiales en las zonas francas han contribuido a mejorarlas, además la riqueza de sus recursos naturales y un importante mercado interno son los principales activos de Colombia “.

Santander evalúa a Venezuela de manera muy diferente.

Señala queel incierto clima empresarial venezolano nacido de las reformas” bolivarianas” (infracción de los derechos de propiedad privada, controles de divisas, regulaciones crecientes, estatizaciones, etc.) y la ineficacia del sistema portuario son algunos de los diversos obstáculos a la inversión. El socialismo “bolivariano” del gobierno, perseguidor e intervencionista, obstaculiza el aumento de los flujos de [inversión extranjera directa], por lo que ha llevado a Venezuela a ocupar el puesto 187 entre 190 países en el ranking Doing Business elaborado por el Banco Mundial“.

Ese ranking es peor que el de naciones devastadas por la guerra como Afganistán, Irak y Siria. Sólo Libia, Eritrea y Somalia obtuvieron peores puntajes que Venezuela.

En última instancia, la dicotomía entre Colombia y Venezuela habla de una verdad subyacente. Confiando en el imperio de la ley y los mercados libres, Colombia está prosperando. Pero en 2017, bajo Maduro, el país con las mayores reservas de petróleo pesado de la Tierra, ahora es un reino de mendigos y bandidos, donde los maestros e incluso los médicos son forzados a la prostitución sólo para alimentarse.

Por: Tom Rogan en Washington Examiner
Traducción libre del inglés por lapatilla.com