Correr con contaminación: ¿hay que saltarse el ejercicio a cambio de pulmones limpios?

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Más de la mitad de la población mundial respira aire contaminado, según la Organización Mundial de la Salud, y en España, más de 30 ciudades (también según la OMS) incumplen los niveles recomendados de contaminación del aire. Y este es el que respiramos todos. Aún más, cuando salimos a correr, caminar o a montar en bici. Inhalamos más cantidad de aire cuando practicamos ejercicio al aire libre: nuestros pulmones nos lo reclaman. Por tanto, entran en nuestro organismo más sustancias nocivas y pueden llegar incluso al sistema respiratorio.

Estas sustancias tóxicas perjudican al aparato respiratorio, “con un aumento de prevalencia de asma”, explica a BUENAVIDA+ la doctora Carmen Diego, neumóloga y coordinadora del Área de Enfermedades Ocupacionales y Medioambientales de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR). Además, “la contaminación es un factor de riesgo cardiovascular (angina de pecho, infarto agudo de miocardio, muerte súbita y enfermedades cerebrales como la trombosis cerebral), por encima incluso de una dieta rica en sal o de una vida sedentaria”, explica la doctora.

Hábitos saludables vs. pulmones limpios

¿Qué es mejor, tragarse aire contaminado pero estar en forma o virar hacia la vida sedentaria a cambio de pulmones limpios? La respuesta de la comunidad científica es clara: los beneficios del deporte superan con creces los perjuicios del aire contaminado de la ciudad. Así lo confirma un estudio publicado el pasado mayo por la Universidad de Cambridge (Reino Unido): solo el 1% de las ciudades (sacadas de la base de datos sobre contaminación del aire de la OMS) tienen niveles de contaminación suficientemente altos como para que los riesgos de la contaminación puedan superar los beneficios de la actividad física. Esto solo ocurriría en zonas con concentraciones de PM2,5 (partículas en suspensión de menos de 2,5 micras) por encima de 100 μg/m3 (microgramos por metro cúbico), siempre y cuando usáramos la bici una hora y media al día o camináramos más de 10 horas diariamente. Se refiere a ciudades como Delhi (India), con niveles de 122 μg/m3. (Según la misma base de datos, Madrid tiene 10 μg/m3 y Barcelona, 15 μg/m3)..

“En ningún caso la recomendación ha de ser no hacer ejercicio físico ya que el ejercicio conlleva a su vez una serie de beneficios que contrarrestan el aire contaminado” (Carmen Diego, neumóloga)

No en vano, un estudio realizado por el Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL) también ha demostrado que la existencia de contaminación urbana no es una excusa para no practicar deporte al aire libre. El doctor David Rojas, autor principal del estudio, nos explica que “la mejor forma de cuidar los alveolos, la función pulmonar, cardiovascular, mental y la salud en general es haciendo actividad física aunque exista contaminación, incluso en ciudades como Barcelona o Madrid”. La doctora Diego también es rotunda al respecto: “En ningún caso la recomendación ha de ser no hacer ejercicio físico ya que el ejercicio conlleva a su vez una serie de beneficios que contrarrestan en parte el aire contaminado”.

Que la contaminación no le pare

No obstante, no hemos de olvidar que la exposición a estas sustancias sigue siendo perjudicial. Por ello, podemos tomar ciertas medidas de higiene respiratoria para evitar la contaminación del aire tanto como podamos. Por ejemplo, cambiar la ruta o elegir un recorrido con bajos niveles de tráfico “puede evitar hasta un 60% de la exposición a la contaminación”, añade el doctor Rojas, ya que la principal fuente de contaminación del aire en las urbes proviene “del tráfico rodado, es decir, tubo de escape y desgaste de frenos y neumáticos”. Carmen Diego también sugiere evitar “las horas centrales del día, cuando haya mayor densidad de tráfico”. En síntesis: basta de excusas, a por las zapatillas y a correr.

Las mascarillas, inútiles

Seguramente hayas visto a ciclistas con mascarillas; no sirven de nada: “No son eficientes para las partículas más pequeñas, ya que el poro del filtro de las mascarillas es más grande que el diámetro de la materia particulada más pequeña (menores de 2,5 micras), las PM2,5”, explica el doctor David Rojas, del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental. “Tampoco protegen contra los gases como los óxidos de nitrógeno o el ozono”.


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