A pesar que los contagios a la región aparecieron en este mes, desde enero el interés de los turistas por viajar empezó a decaer, perjudicando a la industria desde inicio de año.

Con la aparición del Covid-19 (Coronavirus) a finales del año pasado en China, los países latinoamericanos mostraron diferentes escenarios -en lo que se refiere a turismo- a medida que pasaba el tiempo y avanzaba la expansión del virus a diferentes partes del mundo, dejando un impacto negativo en las finanzas del sector.

“Las consecuencias serán, a corto plazo, notables. Además, son muy duras para las empresas como estamos viendo, pero aún más para los trabajadores del sector. No podemos olvidar que el turismo es un sector altamente estacional y, en gran cantidad de ocasiones, precario. Esta emergencia con unas características tan complejas -sin duda- traerá un notable nivel de despidos, recolocaciones y reajustes en distintos frentes”, informó José Antonio Mansilla, docente de la Escuela de Management en Turismo de Ostelea.

Además, Mansilla agregó todo este panorama se abre un escenario nuevo de aprendizaje para la industria turística frente a los distintos contextos volátiles, inciertos, complejos y ambiguos. Así mismo, el reto es diseñar estrategias que se están aplicando en los países afectados como España, que van desde flexibilizar las políticas de cancelación, el cierre temporal de hoteles, implementar regulaciones para el manejo de empleos temporales, ceder instalaciones al servicio sanitario y hasta solicitar a las instituciones públicas que activen ayudas específicas para el sector.

“También se debe ser muy claro, el turismo viene de unos años de transformación que ha afectado a algunos jugadores, es decir no solo están en problemas por el Covid-19, por ejemplo, la aceleración de la digitalización tuvo incidencia, pero con la pandemia global, se agravó su situación. En el espacio Latinoamericano, aunque el impacto inicial es menor al europeo, se espera que el recorrido sea similar. Las fronteras se están cerrando y el movimiento, en países que dependen, en gran medida, de los visitantes foráneos, se ha detenido casi por completo”, detalló el docente de Ostelea.

Al analizar caso de Colombia, un estudio sobre el Impacto del Coronavirus en el turista latinoamericano, revela que en enero cuando se comenzaba a conocer la expansión del virus en China, las búsquedas se incrementaron tanto para destinos nacionales como internacionales. Solo en la primera semana del año, la disposición por destinos nacionales aumentó 128%.

Claramente, en diciembre de 2019 y enero de este año, las búsquedas de vuelos se incrementaron 8%, para el caso de hoteles, el aumento es menor. De alguna manera, aún no se divisaba la gravedad e implicaciones que la pandemia tendría en el mundo.

El sector hotelero y turístico deberá contribuir de alguna manera a los turistas, para ir en línea de la responsabilidad corporativa y ganar adeptos como lo han hecho ya varias organizaciones a nivel mundial. Pueden empezar facilitando las cancelaciones en planes o reservas vacacionales que estén a su alcance, guardándolas para que los viajeros no pierdan su dinero y se sientan apoyados. Los descuentos para aquellos que -por algún motivo- perdieron inversiones, será otra herramienta útil para mostrar la solidaridad del sector.

El talento humano -sobre todo gerencial- deberá estar a la altura para la toma de decisiones estratégicas; en donde tendrán el desafío de armar sus equipos con personas proactivas que le brinden soluciones a los cientos de miles de peticiones que seguramente recibirán durante la crisis y después de ella. Los turistas querrán retomar sus vacaciones, pedir devoluciones o programar un descanso después de toda la conmoción que se ha generado, por eso la agilidad de los procesos será vital para reactivar el sector.

Con esta coyuntura, se debe ser más resilientes que nunca y ver las oportunidades que se abren, que se pueden aprovechar con el análisis profundo de todo lo que le pasó al turismo a raíz del Covid-19, por ejemplo, que se ofrezcan seguros a los turistas por cancelaciones sin causa, coberturas en el caso de cierre de las fronteras y hasta bajo parámetros de situaciones atípicas.