Con más de 66 años de creado, inicialmente como la Dirección Nacional de Estadísticas, hoy conocido como el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas, el DANE tiene el raro encanto de que muy pocos le creen, pero sus estudios, encuestas e indicadores son de obligatorio cumplimiento para los pronósticos y ajustes de las políticas económicas y sociales del Estado, pero además sirve para ser consultado por todos los sectores sociales. Desde que se implementó en Colombia el modelo neoliberal y con el objetivo de «maquillar» la concentración de la riqueza en los poderosos, el DANE cambió las variables para calcular los indicadores del crecimiento del Producto Interno Bruto; realizó modificaciones a los componentes de la Canasta Familiar que arrojan el indicador de inflación; ajustó el cálculo del desempleo, donde figuran como trabajadores millones de personas que se cansaron de buscar trabajo; no ha podido verificar el número de habitantes en el país; y también varió las bases para calcular la pobreza y la desigualdad. Por eso los indicadores que revela el DANE, la mayoría de las veces, se reciben con asombro porque corresponden a una realidad virtual de los neoliberales y no a la realidad que perciben los colombianos.

Tiene que estar muy mal Colombia cuando el DANE se «atrevió» a revelar que la pobreza monetaria creció pasando de 26,9 % en 2017 a 27 % en 2018. El año pasado 190.000 personas más ingresaron al grupo de habitantes por debajo de la línea de pobreza, para un total de 13,07 millones de personas en esta condición; además, con una pobreza extrema de 7,2 %, esto quiere decir, 3,5 millones de personas. Aún más grave es que el DANE haya revelado que la desigualdad empeoró, al pasar el coeficiente Gini (entre más cercano a cero hay más igualdad) de 0,51 en 2017 a 0,52 en 2018. Agrega que tuvo este aumento porque el año pasado el ingreso real per cápita –o sea por persona– de la población más rica creció 3,3 %, mientras que el de los más pobres registró una caída del 0,9 %, con lo que se corrobora que cada día se concentra más la riqueza en pocas manos. Previo a esta reciente información del DANE, revelada el 5 de este mes, el Banco Mundial aseguró que: «Los países más desiguales del mundo son Sudáfrica, Haití y Honduras. Luego siguen COLOMBIA, Brasil, Panamá, Chile, Ruanda, Costa Rica y México”.

Lo peor es que la receta de «UriDuque» es más de lo mismo, es decir, el mismo remedio que está llevando al paciente a la Unidad de Cuidados Intensivos. Según Gloria Alonso, directora del Departamento Nacional de Planeación, con la aprobación del Plan Nacional de Desarrollo para el 2022 la economía debería estar creciendo a niveles del 4,5 %; sin embargo, el aparato productivo está arrasado y la esperanza en que se mantengan altos los precios del petróleo es un tiro al aire, puesto que depende de las movidas estratégicas de los poderosos; además, nuestra balanza comercial es negativa ya que importamos más de lo que exportamos. Ese Plan de Desarrollo recorta los subsidios a la población, así como el presupuesto a la inversión social: salud, educación y servicios públicos esenciales, trasladando estas obligaciones al sector privado, especialmente transnacional, para que atesoren más capital a costillas de los pobres y la clase media. ¡En Colombia la riqueza seguirá en pocas manos!

Por: José Arlex Arias Arias
Comunicador Social – Periodista
José Arlex Arias Arias