Hablar del tema del agua es referirse al don de la vida orgánica, de hecho los primeros seres surgieron en el batibio o mar arcaico gracias a que el vital líquido sirvió, para acelerar las combinaciones moleculares de las sustancias que sirven de base para formar seres celulares.

Luego, gracias a los ineludibles procesos de la Evolución, se abrió un universo de seres con múltiples sistemas fisiológicos y anatómicos, y en interacción biológica. Casi todos los seres vivos contienen entre un 50 y 70% de agua necesaria para los procesos del metabolismo, (transporte y aprovechamiento de nutrientes) y expulsión de desechos. También, en la interacción del reino animal y vegetal, el agua ha sido la sustancia esencial.
En dado momento apareció la criatura más desarrollada o sea, el ser humano, sin embargo de manera irónica casi siempre nos hemos vuelto en contra de la naturaleza misma.

Entonces, nuestra codicia y desenfreno está llevando al Planeta a saturarlo en todos los órdenes, pero principalmente en lo tecnológico y demográfico.

El agua potable o tratada para uso humano en estos intrincados problemas de contaminación y mal manejo, empieza a ser un “elemento” susceptible a desaparecer, y es que los números hablan, pues de toda el agua del planeta casi un 97% está en los mares, un 3% es dulce y de esa agua, el 70% es necesaria para la agricultura mundial, el 30% sirve a la industria y necesidades urbanas, y tan solo el 1% es tratada para beberla.

Pero como se mencionó en párrafos anteriores, nuestra necedad ha causado la desaparición de lagos y ríos o la muerte de peces y crustáceos en ellos, sumado al aumento de desiertos y contaminación de las fuentes subterráneas con agroquímicos y aguas residuales, de los hogares.

Los océanos también son víctimas de los derrames de petróleo de barcos, y el calentamiento global paulatinamente producto del efecto invernadero sube las temperaturas, lo cual cada día pone en peligro a muchas especies marinas las cuales en dado momento se extinguirán, esto como un cumplimiento apocalíptico de la estrella de ajenjo (amargura) que caerá sobre las aguas para maldecirlas.

Pero de todo esto, podemos insistir que la culpa es del ser humano por no querer beber de las aguas de la sabiduría que pueden conducir a un mundo mejor y a la vida trascendente.

Por eso Jesucristo en su enseñanza teológica dijo a la Samaritana:Todos los que beben de esta agua, volverán a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca volverá a tener sed. Porque el agua que yo le daré se convertirá en él en manantial de agua que brotará dándole vida eterna.” San Juan: 4:13-14.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos