En el tema de las enfermedades psicosomáticas, hay una serie de aspectos que los seres humanos actuales muchas veces no meditamos, y es cuando la diversión y el placer se convierten en efectos adversos. Así por ejemplo, la creencia de la gente es que una buena forma de esparcimiento es ir a las cantinas o bares, a sentarse horas y horas en la barra, al calor de tragos de licores, cervezas y música con alto volumen.

Pero esos hábitos con el tiempo nos pasan la factura cuando aparecen una serie de enfermedades crónicas como derrames cerebrales y sordera, por el ruido excesivo de la música en esos sitios. En el caso del cigarrillo aunque significa un gran placer para quienes tienen ese vicio, ya sabemos que más adelante también aparecerán un montón de enfermedades relacionadas o derivadas, del tabaquismo.

Respecto a la adicción a la televisión y juegos de play station o teléfonos celulares, entre otros, con el tiempo pueden causar en las personas problemas de la visión al estar mucho tiempo frente a los monitores, además se ha probado según estudios realizados en Estados Unidos, Alemania y otros países que, dependiendo del tipo de juego eso ocasionará problemas de conducta, en los individuos.

Entonces, muchos casos de psicopatías y sociopatías son consecuencia de esos condicionamientos mentales negativos. También se ha sabido que algunos casos de anorexia e infartos, tienen relación con la falta de movilidad o ejercicio de personas que se la pasan casi el día entero, frente a los medios cibernéticos.
Para otras personas es una diversión frecuentar prostíbulos o buscar lances con mujeres u hombres, y en ese desenfreno carnal muchas veces sin medidas de protección o de sexo seguro, luego se contrae enfermedades venéreas y SIDA.

Notamos pues, como lo que a veces parece simple diversión provoca serias consecuencias. Cosa distinta se puede notar en gente que lleva una vida normal, o sea, que no abusa de las cosas y más bien se aboca a los aspectos espirituales y contemplativos.

Por eso muchos prefieren, visitar los lugares campestres rodeados de naturaleza, y escuchar el bonito canto de las aves, sentir como el viento toca las mejillas, poner la vista en la lontananza de un cielo hermoso, contemplar un mar esplendoroso e incluso una noche poblada de estrellas o visitar algún templo y lugar espiritual. ¡Eso sí es vivir!, pues de cierta manera nos conecta con Dios; reflexionemos entonces, y optemos por reorientar nuestra forma de vida y quizás no necesitemos tomar tantos medicamentos para aliviar las colitis, gastritis, ansiedades e incluso hipertensión de origen tensional.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos