¿Cuándo se perdió el rumbo?

292

Es una pregunta que todos debemos hacernos: ¿Cuándo se perdió el rumbo, y cuándo se le salió de las manos la ciudad a las autoridades?

Atrás quedaron los tiempos de sosiego del que se disfrutaba y por el que era reconocida esta apacible urbe, “el noble rincón de mis abuelos”, como muy bien la describía el “tuerto” López en su renombrado poema, y de lo cual poco queda.

Álvaro Morales
Álvaro Morales

Indiscutiblemente, la injusticia social, engendrada principalmente por la corrupción, es la que se nos manifiesta como el monstruo de mil cabezas representado en todas las formas de delincuencia a todo nivel de la sociedad.

Todo lo que hoy nos afecta, la delincuencia armada, la delincuencia y corrupción en las Corporaciones y Cargos Públicos, la corrupción en seudolíderes políticos, cívicos, y últimamente, en los religiosos, son las razones que alimentan la descomposición social que a todos nos atemoriza.

Vuelvo a la pregunta con que inicié, y la que igualmente muchos se hacen, ¿Cuándo se perdió el rumbo, y cuándo se le salió de las manos la ciudad a las autoridades?

Pero no son pocos los que también se preguntan, ¿estaba la ciudad de Cartagena y el departamento de Bolívar, así como otras ciudades y departamentos, en condiciones de sanidad moral para haber asumido la elección popular de sus gobernantes? Todo indica que no. Sus altos niveles de extrema pobreza han sido el caldo de cultivo para el reciclaje de la corrupción, y con ella, no sólo la persistente elección de deshonestos sino incapaces “servidores públicos” en las Corporaciones Públicas y cargos unipersonales.

El rumbo se perdió cuando por la forma deshonrosa como muchos se hacen elegir; a punta de dineros, unos, mal habidos, otros, manchados con sangre, les impide gobernarnos con libertad y pulcritud.

El rumbo se perdió cuando las malas, corruptas y desacertadas actuaciones gubernamentales provocadoras de injusticia social serán indefinidamente los principales generadores de delincuencia que no desaparecerán mientras se persista en el mismo y fallido esquema de elección popular de nuestras autoridades en estas empobrecidas urbes y regiones.

El rumbo se perdió con la aparición de advenedizos Clanes Politiqueros, casi delincuenciales, que atraídas por el Tesoro Público, incursionaron con sus dineros mal habidos para hacerse elegir a través del modelo de escogencia popular establecido, y robarse desde ellos, los sagrados recursos públicos de la inversión social.

El rumbo se perdió cuando una ciudad, como Cartagena, elige Concejales que con sus actuaciones “non sanctas” están a punto de dejarla sin su cuerpo coadministrador.

El rumbo se perdió cuando unos seudo líderes religiosos cambiaron su oficio espiritual por la politiquería partidista y sectaria. Cuando la nueva Carta Política dispuso elegir parlamentarios sin cualidades para serlo. Cuándo se corrompió la dirigencia barrial. Cuando nuestros gobernantes tomaron el camino de hacerse elegir con el respaldo de cuestionados clanes.

Es este el compendio de motivos que podrían explicar las razones de la pérdida del rumbo de esta ciudad y este departamento, manifestada en la delincuencia que nos atemoriza.

Por: Álvaro Morales


Permitida su reproducción total o parcial citando la fuente