Todos pensamos que los accidentes mortales que ocurren en las piscinas sólo se producen por lo que se conoce como ahogamiento húmedo. Es decir, cuando el agua es aspirada a los pulmones.

La mayoría de los padres piensan que después de que su hijo ha estado nadando o jugando en el agua, el riesgo de ahogarse ha terminado. Desconocen que incluso horas después de haber salido de la piscina aún puede existir riesgo de ahogo.

Cuando ocurre un accidente en la piscina o en la playa, y se produce casi un ahogamiento, puede ocurrir que el niño se vaya a la cama y comience con tos, ruidos al respirar o incluso comienzan a aparecer burbujas por la boca.

Si una pequeña cantidad de agua ha pasado a los pulmones puede producirse un edema pulmonar entre 12 y 72 horas después de la inmersión. Los pulmones están irritados y comienzan a secretar fluido, y como resultado el niño puede acabar ahogándose, en realidad en sus propios fluidos corporales.

Se conoce como ahogamiento secundario, y sólo representan el 1% -2% de todos los incidentes de ahogamiento.

¿Qué es el ahogamiento secundario?

El ahogamiento secundario ocurre cuando los niños juegan en la piscina o playa, sufren un episodio de casi ahogamiento. El niño tosen, y parece que están bien, que todo ha quedado en un susto y que está fuera de peligro, pero a las pocas horas comienza a tener problemas para respirar.
Si un poco de agua entra en los pulmones puede causar inflamación o hinchazón, y desencadenar un ahogamiento secundario. Esto hace que sea difícil o incluso imposible la transferencia de gases en los pulmones, y que aparezcan problemas respiratorios que acaben teniendo un resultado fatal.

Los problemas respiratorios pueden aparecer entre 1-2 horas después del episodio de casi ahogamiento, pero también puede ocurrir hasta 3 días después.

¿Cómo identificar cuando un niño tiene problemas para respirar después de un baño?

Dado que puede que el ahogamiento secundario se produzca hasta 3 días después del episodio de casi ahogamiento, es importante conocer los síntomas.

  • Tos constante y sibilancias.
  • Vómitos.
  • Dolor de pecho.
  • Dificultad para respirar.
  • Somnolencia inusual.
  • Cambios en el comportamiento como la irritabilidad o descenso en los niveles de energía, lo que podría significar el cerebro no está recibiendo suficiente oxígeno.

¿Qué hacer en caso de ahogamiento secundario?

Si tu hijo tiene signos de ahogamiento seco y ahogamiento secundario, es muy importante acudir a un hospital lo antes posible. Aunque en la mayoría de los casos, los síntomas desaparecerán por sí solos, es importante consultarlo.
Depende de la severidad de los síntomas del paciente, se revisarán los signos vitales del niño, el nivel de oxígeno y la respiración. Los pacientes con síntomas más leves sólo necesitan observación.

En casos más graves, puede ser necesario una radiografía de tórax o administrarle oxígeno.
En caso de insuficiencia respiratoria, o cuando el niño no pueda respirar por su cuenta, se necesitará apoyo adicional como intubación o poner al niño en respiración asistida, aunque esto es muy raro.
El objetivo será aumentar el flujo de sangre en los pulmones y hacer que el niño respira bien de nuevo.

¿Cómo prevenirlo?

La mejor forma de prevenir cualquier tipo de ahogamiento es la supervisión por parte de un adulto. También puede ser útil que el niño aprenda a nadar lo antes posible, pero aunque sepa nadar, siempre tiene que existir la supervisión de un adulto.


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