Tierra, es única protagonista de nuestra vida, sino hubiese tierra lógicamente no existiéramos, su belleza y riqueza que posee es excepcional e invaluable, en ella se producen los deliciosos alimentos que diariamente saboreamos, todo lo natural es ideal para nuestro consumo cotidiano. Sin su estancia no existiera humanidad, plantas ni todo ser habitable en este mundo de gloria divina, Dios tuvo gran idea e inspiración por excelencia de crear Tierra, logrando tal hazaña en su primer día de excelentísima obra universal.

Así sucesivamente fue creando, con sublime diseño, todo lo existente en el Orbe, él nos regaló un mundo paradisíaco con la idea de que así fuera siempre, pero el hombre no ha sabido amar su hermosa Tierra, estrictamente se ha dado a la tarea de destruirla totalmente, con actitudes negativas y perjudiciales hacia nosotros mismos. Es lamentable el daño que le hemos hecho a “la madre Tierra”, agua, plantas y animales. Actualmente vivimos un calentamiento global progresivo, en poco tiempo sino actuamos como deberíamos hacerlo dejaremos de respirar pronto, más de lo que nos podremos Imaginar.
Este dolor provocado por el ser humano, cada día lo vivimos más plenamente, estas acciones que hemos venido realizando en no cuidar con delicadeza lo que posee la índole, cada segundo vivido profundamente nos afecta con más fuerza, hemos sido expertos en destruir las plantas preciosas que nos brindan respiración genuina, los animales silvestres son pocos los que quedan en los bosques, el agua ideal para consumo humano se ha reducido a su grado máximo, lo que abunda es agua contaminada, el aire puro cada día se va agotando y silenciosamente de nosotros se despide.

Detenidamente se observa en las ciudades como rebalsan, por distintas calles, excesiva “mugre” que afecta en abundancia nuestro respirar, el aire y su exquisita fragancia diariamente se limita, porque muchos no practican el maravilloso hábito de ser aseado. Es sorprendente como seguimos destruyendo el suelo y todo lo que en él convive, debemos salvaguardar lo que nos inspira a vivir, seamos digno a cuidar la tierra y cuerdo con lo que la naturaleza nos ha obsequiado, que ha sido de bendición para nuestra formidable existencia.

Por: Carlos Javier Jarquín
carlosjavierjarquin
Escritor y poeta