En muchas partes del mundo, incluida nuestra Colombia, el hábito del ejercicio de lo irregular no sólo está reservado para que se profese en lo público, se extiende en gran manera a lo privado, y abraza grandes sectores de la ciudadanía. Los valores han sido confinados a la basura.

Lo irregular, por lo común, y más temprano que tarde, terminará cursando con desgracias, individuales, familiares y hasta de multitudes. Pero a pesar de esta axiomática razón, nadie experimenta en cabeza ajena, o más aún, muchos creen que la fatalidad nunca los alcanzará. Largo es el rosario de irregularidades.

Los setenta y un muertos que dejó el siniestro del avión boliviano que transportaba a los futbolistas del Chapecoense, se debió a una cadena de irregularidades que comenzaron por el uso de un vetusto e inadecuado avión para tan largo viaje.

La avalancha que el pasado primero de abril arrasó con parte de Mocoa, dejando un triste saldo de más de doscientos muertos, se le atribuye no sólo a la permisibilidad en la desforestación de las fuentes hídricas que irrigan la ciudad, y a la construcción de viviendas en sitios irregulares; sino a la negligencia en la construcción de obras para la mitigación de los anunciados desastres.

La pesadilla del desplome del Edificio Portales de Blas de Lezo II no sólo dejó al descubierto la falta de control en la calidad de los materiales de construcción y el mar de irregularidades en los tramites de licencias de construcción y los abusos por parte de urbanizadores ilegales sino que se prolongó hasta la afectación de la estabilidad del gobierno de la ciudad y sus tres divisiones político – administrativas, conocidas como localidades.

La tragedia que el pasado fin de semana enlutó a varias familias del municipio de Guatapé, se debió, según los expertos, tanto a la irregularidad en el otorgamiento de una licencia a un barco construido de manera antitécnica, como a la inobservancia en el uso de los chalecos salvavidas.

Los muertos del pasado fin de semana en las minas de carbón en Cucunubá y Lenguazaque, corrieron por cuenta de la manera como las autoridades son permisivas con la minería irregular tanto en estos municipios como en muchos otros de Colombia.

Por otra parte, en nuestra Cartagena, el zarpe irregular de embarcaciones de pasajeros en los diferentes puertos de la ciudad, las contravenciones en el uso de salvavidas y horarios de navegación; y la falta de control a los pequeños y frágiles navíos, constituyen la gama de irregularidades que desencadenan en los recurrentes naufragios y muertes en la bahía y aguas del Mar Caribe.

Por último, en lo público, no es diferente; ya conocemos de sobra la reiterada manera irregular como se eligen alcaldes y funcionarios de control, como ocurre en Cartagena; de igual manera, cómo ante “la vista gorda” de las autoridades se desvían los recursos de la salud para beneficio propio. Todo es irregular.