Al paisano Matagalpino
Fraterno Eddy Kuhl

Al celebrar en Nicaragua y el mundo hispano un aniversario más de Rubén Darío, tanto de su nacimiento (18/01/1867) como de su entrada a la gloria permanente (06/02/1916), es meritorio tener presente su prodigiosa obra y la vida de este héroe cultural, afín de la formación y cultura en la identidad de los nicaragüenses. Una identidad que permite conocernos autocríticamente exaltando nuestros valores y costumbres de manera sincera, en busca de superar nuestros vicios y errores, sin dejar de preservar lo autónomo y lo original de nuestro mestizaje, que como criollos generamos con arte y belleza. Él es nuestro icono a emular.

Tener presente la genialidad de su belleza sonora que como cantor errante renovó la lengua, es armarse del instrumento armonioso cantico con que los pueblos de poetas como buenos artistas se asisten para derribar los muros estridentes del tiempo, de esos feos muros que mantienen en silencio las notas saltarinas de los soñadores despiertos.

En el mes de la Patria, hicimos memoria a la historia como maestra de la vida, generadora de luces en búsqueda de la verdad pretérita, a fines de transitar los caminos del futuro sin pisar las piedras  que frenaron el porvenir de nuestros antepasados.

En septiembre recién pasado celebramos la declaración de la Independencia lograda en 1821, destacando a los queridos Próceres; mismos quienes pacíficamente con astucia, cordura, alta conciencia patriótica e inteligencia lograron dar el paso inicial para labrar nuestro propio destino, superando el vasallaje colonial de la monarquía española. Un 15 de septiembre pacifico con Próceres ilustres. Mismo mes, pero de 1856 en que de manera bélica, obtuvimos por igual un primer paso hacia la otra Independencia, mediante la victoria de la histórica batalla en la Hacienda San Jacinto,  generadora de unidad y de héroes de la estatura del Coronel José Dolores Estrada, y de valientes y aguerridos como Andrés Castro. Mas ahora, no en una fecha determinada, sino en un tiempo para siempre, celebramos con devoción nuestra Independencia Cultural ante la vigencia de la magna obra de un Poeta visionario, que renovando la lengua con arte y belleza nos unió al mundo hispánico, “Español de América y Americano de España” de una manera profunda, cantando con optimismo “he querido ir hacia el porvenir siempre bajo el imperio de la música de las ideas, música del verbo”, con espíritu humano; reconociendo sí a Dios con privilegio ser la palabra divina, “Et Verbun erat Deus” (Dios es el Verbo). De ahí su anhelo de “ver florecer de eterna luz mi anhelo”.

Decíamos que la grandeza y genialidad de este Poeta que hoy celebramos lo es, por estar cimentado en valores históricos, morales y ecuménicos generadores de nuestra cultura con libertad y unidad. ¡Oigámosle!

“Únanse, brillen, secúndense tantos vigores dispersos;
formen todos un solo haz de energía ecuménica.
Sangre de Hispania fecunda, sólidas, ínclitas razas,
muestren los dones pretéritos que fueron antaño su triunfo”.

Sabedor del valor que como raza hemos tenido en la historia.

“Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda,
espíritus fraternos, luminosas almas, ¡salve!
Porque llega el momento en que habrán de cantar nuevos himnos
lenguas de gloria. Un vasto rumor llena los ámbitos;
mágicas ondas de vida van renaciendo de pronto”.

Reconociendo y haciendo propio el mestizaje, nuestras costumbres y actitudes culturales. Bien lo afirmó Don Alfonso Reyes, ser “el himno de esperanza que vuela sobre las palabras de la lengua”, de la estirpe hispánica. Un cantor del que muchos al conocerlo bien de manera integral hemos mucho que aprender, al ser muy acertado lo enunciado por Octavio Paz en que “su poesía es como un corazón que alimenta con su sangre a todos los poetas que le suceden…Su corazón los concentra y su palabra los empuja. Unos son piedra, otros el cielo, el viento, el fuego, es el mar”.

Tener presente a Rubén, es admirarle su bello estilo propio, versátil y autobiográfico en donde su don especial de una palabra moderna nos llena de perlas aladas, que danzan de flor en flor haciendo en su conjunto un bello y florido jardín perfumado lleno de colores, digno de ser admirado con grato placer. En la Paidea expuesta por Don Carlos Tunnermann B., nos dice, que: “Siendo Darío una de las más cimas de la poesía universal… su obra está impregnada de ideales y valores de los cuales es posible extraer todo un ideario, un paradigma para la formación espiritual, moral, cívica y física del hombre hispanoamericano…”.

Rubén Darío fue un eminente estimulador hacia el desarrollo, brindando ser aporte integrador de nuestra cultura, despertando con orgullo y optimismo la conciencia,  respetando eso sí, la más absoluta libertad de pensamiento, por lo que el mejor tributo que podemos rendirle es conociéndole integralmente y emularle integrándolo a ser con honor parte con dignidad de nuestra identidad nicaragüense y americana.

Por: Hugo J. Vélez Astacio