De 2015 a 2016: la metamorfosis de Colombia

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Práctica Selección ColombiaUn año ha pasado en el calendario desde aquella presentación de Colombia, para el olvido, en Chile 2015. No en vano han pasado los meses y en el equipo de José Pekerman se han visto cambios definitivos: luego de caer y perder la fe, la Tricolor se ha levantado y le ha devuelto la ilusión a su hinchada.

Uno de los grandes cambios se produjo a nivel nombres: la llegada de sangre nueva a todas las posiciones del campo convirtió a Colombia en un equipo complicado de leer. Las apariciones de Oscar Murillo y Farid Díaz a la zaga han reforzado la muralla que custodia el arco de Ospina.

En el mediocampo un Daniel Torres de acero, acompañado de Sebastián Pérez, peleando a muerte cada pelota, han traído calma a una zona que tras las lesiones de Aguilar y Valencia parecía quedar a la deriva. En la delantera han surgido dos juveniles que hacen los deleites del público: Marlos Moreno y su llegada desde atrás y Roger Martínez, la nueva carta de gol.

El segundo cambio está en lo táctico. Pekerman entendió, tras los malos resultados por Eliminatorias del semestre anterior, que Colombia no podía jugar a lo mismo, primero porque ya no contaba con jugadores de las mismas características y segundo porque su juego ya era predecible. El entrenador comprendió que el esquema debía mutar y adaptarse a los nuevos elementos y no dudó a la hora de hacerlo.

Fue entonces cuando Colombia comenzó a jugar con un solo delantero y un mediocampo lleno de opciones, desequilibrio y personajes que nombre por nombre infunden respeto en cualquier rival. La tenencia excesiva de la pelota, casi hasta el aburrimiento, se cambió por transiciones rápidas de defensa a ataque, y el gol se convirtió en la prioridad por arriba del control.

Un elemento vital para el prometedor presente de los cafeteros consiste en el cambio de mentalidad. La historia ha quedado atrás y el futuro se mira partido a partido: una idea que comienza desde el mismo Pekerman, que se ha olvidado de los apegos a los nombres históricos y se ha dedicado a construir una Selección con los mejores jugadores de Colombia.

Los jugadores, por su parte, han entendido el mensaje y llegan a las concentraciones con la cabeza puesta en pelear por un lugar entre los once. Ya no hay vacas sagradas y todos pueden ganarse el privilegio de representar al país, esto garantiza que jueguen los mejores, los que tienen “hambre” de triunfo. Y eso se ve reflejado en el terreno de juego.

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