La generosidad es el hábito de dar o compartir con los demás. La generosidad no ha de estar basada solamente en actos paliativos puntuales, ante desastres o siniestros de todo tipo. Al contrario, incluye las intenciones puras del nuevo ciudadano de mirar hacia fuera para el bien común de la sociedad, o bien de terceros individuos o grupos, y así dar ejemplo a los demás.

Normalmente es un camino de retorno.

En este escrito me preparo con calma, pidiendo fuerza, desinterés y pureza de intención, que bien tengo para esta réplica antes que reprimenda.

Ante la perspectiva política y social, no sólo de España, aunque en esta misiva haga especial referencia a España. Ante la abrumadora de la nada ultramundana social en la que todos los ciudadanos estamos condenados a volver a la nada, si la política actual es una procesión de espectros que de la nada salen para volver a ella, el aliviar miserias y mejorar la condición temporal de los hombres no es otra cosa que hacerles la vida más fácil y cómoda, y con ello más sombría la perspectiva de perderla; es la infelicidad de la felicidad. Estamos en las manos de incapaces gobernantes en esta tierra tan querida por mí y repleta de buenas gentes como es España.

Así en la úlcera del momento actual la conciencia se devora a sí propia en puro análisis. Aconsejan distraerse, lo cual quiere decir disiparse, enfangarse en la obsesión de negocios y retornos dentro del mundo político y de gobiernos incapaces.

Hablan de indultos, cuando el primer error fue judicializar por incapacidad un problema político y ahora en realidad es lo que menos importa, pues lo verdaderamente importante son las negociaciones posteriores y eso es de lo que no se habla y que ninguno de los que se oponen nombran se preocupan de sus verdaderas consecuencias. ¿Por qué será?

Si bien es la generosidad uno de los grandes valores a estimar también lo es, y no menos, el diálogo, pero cuando lo que se instaura entre los participantes en dicho juego es la revancha y el ánimo de quitar a quien está en ese momento en el poder, a costa de cualquier precio es realmente un verdadero problema.

Si bien no es menos cierto que a quien hierro mata a hierro muere y eso fue lo mismo que hicieron los que hoy están dirigiendo nuestros destinos.

Bien podría utilizar palabras altisonantes y gruesas, pero optó por la mesura y la inteligencia para convertir reproches en críticas constructivas.

La patria del pueblo, su alma es el gobierno y es el ciudadano quien debe ser dueño y no esclavo.  Aquí expongo en un ajustado extracto mis ideas y mis pensamientos.

Yo sin renunciar a mis convicciones siempre he tenido esperanza, aunque viudo de convencimiento desde hace ya un tiempo. Así es que a medida que crece y se ahonda mi preocupación por el destino individual de las personas y el desarrollo social me sigo declarando socialista y cristiano, y así, me reafirmo, a pesar de quien dice me representa, a pesar del desengaño del que un día apoye y por lo que pido se me perdone. Mantengo la esperanza bien en su reconversión, bien en su reemplazo, si no hay enmienda, por el bien de la socialdemocracia y de una familia que ha mantenido las esperanzas durante más de 140 años.

Por: José Luis Ortiz