Decepción, desesperanza frente a la esperanza futura

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No es extraño un sentimiento de frustración dentro de la generación que vivió con esperanza ilusionada algunos acontecimientos de los años 60 y 70 del pasado siglo: el final de la guerra fría, propiciaron la esperanza de una convivencia pacífica en el mundo; el establecimiento de la democracia de forma global. Un futuro de libertad, bienestar y justicia allá por los 80 y que el concilio vaticano II, como un soplo de aire fresco pretendió renovar. Un sueño que parece que se ha esfumado, que se ha volatizado.

Ahora con la pandemia y la crisis del COVID las tensiones han aparecido de forma global, guerras o amenazas invisibles, pero no por ello, menos reales.

Las democracias no han podido impedir las actitudes autoritarias, situaciones de corrupción y desigualdades hirientes.

Ahora estamos experimentando que la realidad está muy lejos del panorama esperanzador que el siglo pasado en los 80 se nos prometía. ¿Es posible esperar todavía?, nos preguntamos muchos.

Luces de libertad que este túnel del COVID se están difuminando en las democracias que nos llenaban de ilusión en antaño. No son sus limitaciones el origen sino más bien su ejercicio. Gobiernos que han hecho que las insuficiencias se sumasen al retroceso en materia social, en derechos y libertades.

Es muy irresponsables ignorar las dos amenazas que se ciernen sobre nuestra sociedad y nuestras democracias: el malestar social y la desconfianza en las instituciones.

Quienes no nos resignamos al cambio, llamamos a atajar dichas amenazas revirtiendo los recortes sociales, fortaleciendo el Estado de bienestar y recuperando el prestigio de las instituciones democráticas. Con esa preocupación decidimos debemos movilizarnos la sociedad y buscar un espacio de adhesión para todos aquellos que compartimos preocupaciones y esperanzas, pues aún existen fórmulas posibles.

Frente a escenarios de recortes, endeudamiento, crispación, deterioro institucional y corrupción sistémica hay que sentar las bases de una ciudadanía social, de una sociedad civil que se centre en la regeneración, promover una renovación sería y con sentido común para que la ilusión, la esperanza no se trueque en decepción. Unión frente a las discrepancias, salgamos de los diferentes sectarismos y olvidemos todas las posibles rencillas pasadas.

Porque manteniendo la esperanza, crearemos un entorno y terminaremos con las discrepancias de los diferentes lados. No nos resignemos a la frustración y apostemos por una nueva fase en la que se imponga la colaboración. Sólo así terminaremos con la pesadilla actual y sus peligros amenazantes y reales que se nos avecinan.

Es hora de dialogar, renunciar a falsos protagonismos, absolutistas, la mayoría de ellos. Como la vida en gestación sigue su proceso de crecimiento hasta irrumpir un día en la historia…así el momento que estamos viviendo, un mundo que se esconde en lo germinal y lo pequeño. Se esconde en muchos gestos de humanidad, de solidaridad, de fraternidad que nos rodean, en los que se puede adivinar una rebeldía activa por un mundo más justo, un mundo mejor.

Rebeldía positiva para un mundo mejor frente a la desesperanza que nos está vendiendo esta crisis global….Desde la calle, desde la sociedad civil que somos todos los ciudadanos del mundo….

Por: José Luis Ortiz