¿Democracia o plutocracia?

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Esta semana en la plenaria de la Cámara de Representantes, durante el debate de la Reforma Política, fue aprobada la lista cerrada, es decir, se aprobó regresar a la época en que con un lapicero los jefes políticos o dueños de los partidos elegían a las personas que debían encabezar las listas de los candidatos a las elecciones “dizque populares”, las cuales eran sus esposas, hijos o nietos.

En Colombia hasta 1988, fecha en que se realizó la primera elección popular de alcaldes, la participación en política por parte de los ciudadanos era cerrada, en el país solo existían 2 partidos políticos, los cuales gobernaron el país de manera alternada mediante la figura del frente nacional.  Hasta esta fecha algunos ciudadanos solo podían elegir al Presidente de la República, las mujeres solo lo pudieron hacer a partir del 1° de diciembre de 1957; el Presidente elegía a los gobernadores, y estos a su vez elegían a los alcaldes.

A partir de la expedición de la Constitución Política de 1991, la situación del país cambia, pues desde el mismo preámbulo la Constitución advierte que en todos los ámbitos sociales en que participe el ciudadano debe garantizarse la democracia y la participación, de hecho, el artículo 103 señala una lista de mecanismos de participación ciudadana inexistente en la Constitución de 1886.  En relación con las elecciones, el artículo 263A de la Constitución Política incluyó la figura del voto preferente, el cual consiste en que cada elector podrá señalar el candidato de su preferencia entre los nombres de la lista que aparezcan en la tarjeta electoral.  No obstante, desde hace varios años se ha insistido por parte del gobierno en eliminar este artículo, con el argumento de que hay que fortalecer los partidos y movimientos políticos.

En un régimen político como el nuestro, en el que el Estado no cumple con sus fines esenciales, es difícil eliminar el voto preferente, por cuanto los políticos han reemplazado al Estado, es decir, cada político es Estado.  Por esta razón, cuando una persona necesita un empleo, una beca o un medicamento, no acude a las alcaldías, sino que busca a un político; esto, infortunadamente, ha permitido que los políticos sean más importantes que el Estado mismo y que los partidos políticos a los que ellos representan.  El día en que el Estado cumpla con sus obligaciones constitucionales y que los ciudadanos no tengan que acudir a los políticos para resolver sus necesidades básicas insatisfechas para  venderles su voto o cambiarlo por una dadiva, ese día el político dejará de ser importante, solo ese día, el ciudadano podrá votar libremente, por ideologías, por partidos políticos y por listas cerradas.

Por: Luis Ángel Martínez Á.


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