Depredador: “persona que saquea, destroza, se aprovecha o saca utilidad de alguien o de algo”. En zoología, animal que se alimenta de otra especie.

Cartagena, casi con el inicio de la elección popular de alcaldes, ha venido siendo víctima de toda suerte de depredadores del erario y del mismo ejercicio de la política. Unos, venidos de otras regiones; otros, del mismo patio.

Son como monstruos de mil cabezas. Se manifiestan de diferentes maneras, Los hay en todos los estratos. Se mimetizan de diversas formas, oficios y ocupaciones.

Unos se hacen llamar dirigentes; otros, líderes y veedores. También los hay en los medios de comunicación; pero también hay avezados doctores, politiqueros corruptos y hasta condenados excluidos del derecho de ser elegidos; sin que se excluyan de este penosos catálogo a los servidores públicos deshonestos, los cuales abundan en la administración.

Todo este deshonroso ramillete de depredadores de la política y el erario es el responsable de la crisis social, económica y humanitaria por la que viene pasando la ciudad de Cartagena, no hace poco tiempo.

“Todos a una, como Fuenteovejuna” se han encarnizado desalmadamente contra los recursos públicos de la ciudad, especialmente con los de la inversión social.

“Todos se han desviado, a una se han corrompido; no hay quien haga el bien, no hay ni siquiera uno” – Salmo 53.

Algunos, comenzaron sus actuaciones delincuenciales disfrazados de veedores. Se iniciaron, como se dice: “con una mano adelante y la otra atrás”; y hoy, sin el más mínimo recato hacen ostentación de lujosas viviendas, vehículos de alta gama y visten ropa de marca. Lo mismo hacen servidores públicos de diversos órdenes y niveles, que a pesar de sus modestos salarios alardean de los “jugosos dividendos” que le producen sus actos corruptos y criminales.

Otros, dueños del “verbo” populista, se han camuflado como humildes y sensibles personas; y lo hacen con un único fin, conseguir su propósito, el poder político y el económico.

Otros, no dan la cara, pero con sus dineros amasados a punta de delitos, corrupción y sangre, han logrado manipular y controlar, hasta bajo amenazas, muchas veces, todas las decisiones de la administración pública, especialmente, la que se refiere a la contratación.

Y lastimosamente, algunos medios de comunicación y algunas personas en ejercicio del periodismo y la comunicación, abandonando el sano desempeño de la profesión descaradamente han vendido su criterio por unos cuantos pesos matriculándose en estos indeseables grupos, a los cuales defienden apologéticamente, vociferando hasta desgañitarse, y aplaudiendo las actuaciones deshonrosas de estas plagas de la sociedad.

A todos estos depredadores responsables de la mala calidad de vida de muchos cartageneros, y a quienes todos conocemos de sobra, son a los que hay que denunciar e insistir en impedirles que sigan accediendo al manejo de los asuntos públicos de la Heroica Cartagena.

En marzo de 2018 y en octubre de 2019, el pueblo tendrá la oportunidad en las urnas de decidir por el bien de la ciudad, o continuar con el mal que nos agobia.