Desapareció sin dejar rastro y un mes después encontraron esto

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ManicomioEl manicomio de Athens, una pequeña ciudad estadounidense, estuvo en funcionamiento entre 1874 y 1993. En sus habitaciones y jardines vivieron encerrados cientos de personas: veteranos de guerra, niños y mujeres con todo tipo de discapacidades y enfermedades mentales. Personas en su mayoría pobres, que eran abandonadas por sus familias para siempre y permanecían en el hospital hasta que alguien decidía hacerse cargo de ellas o, en la mayoría de los casos, fallecían.

En el Athens Lunatic Asylum, que así se llamaba oficialmente, se practicaron todas las atrocidades que caracterizaban a la psiquiatría de finales del siglo XIX y principios del XX: lobotomías, hidroterapias, ‘electroshock’, uso de drogas psicóticas de forma indiscriminada… Medidas atroces e ineficaces que, se pensaba, servían para tratar a pacientes que en muchos casos ni siquiera sufrían enfermedades mentales: el hospital estaba lleno de personas con discapacidades físicas, trastornos neurológicos como la epilepsia o que sufrían adicciones. En los primeros años de la institución, la principal causa de enfermedad, según la propia documentación del centro, era la masturbación.

Actualmente, el antiguo hospital mental y sus terrenos forman parte de la Universidad de Ohio y el edificio cuenta con un auditorio, oficinas, aulas e, incluso, un pequeño museo de arte. Poco signos quedan ya del ambiente sórdido e inhumano que caracterizaba a este tipo de instituciones públicas.

Pero en el suelo del ático, como si no hubiera pasado el tiempo, se puede observar hoy en día la mancha indeleble que dejó el cadáver de Margaret Shilling, una interna del manicomio que, según cuenta la historia local, desapareció durante un mes y apareció muerta, como por arte de magia, dejando una misteriosa marca que nadie logró borrar.

El fantasma más famoso de Ohio

Margaret Shilling es conocida hoy como el fantasma más célebre de Ohio. Aunque la mancha de su cadáver permanece a resguardo de los curiosos, no hay semana en que algún grupo de  adolescentes no trate de colarse en el edificio para observarla de primera mano. Y, por supuesto, circulan todo tipo de rumores sobre su carácter sobrenatural, como que aquellas personas que la tocan sufren una maldición y acaban suicidándose. Pero ¿quién era en verdad Shilling? Y ¿qué sucedió el mes de diciembre de 1978 en que desapareció?

Como explica Aliston Stine, que ha firmado un extenso reportaje sobre el suceso en ‘Pictorial’, los datos que conocemos de la vida de Shilling son escasos, entre otras cosas porque sólo la familia puede acceder a su historial médico y nada han revelado sobre el asunto. Sabemos, eso sí, que Shilling era una interna de larga estancia en el hospital, en el que debía llevar años por sufrir “demencia”; además, era sordomuda, condición que, incluso a finales del siglo XX, podía ser razón suficiente para acabar encerrado en un hospital mental.

Al margen de estos pocos detalles personales, toda la información veraz sobre el suceso la conocemos por las historias que narró la prensa local tras su desaparición. En aquella época, muchos de los pacientes del frenopático tenían permiso para vagar libremente por el hospital y sus jardines durante el día. Ocasionalmente, algún paciente se perdía en el bosque o se quedaba a dormir en el jardín, pero siempre aparecían. Pero una noche de diciembre, en uno de los inviernos más duros registrados nunca en Ohio, Shilling desapareció, y nadie fue capaz de encontrarla.

Supuestamente, el personal del manicomio la buscó repetidamente por todo el recinto, pero no apareció. Algunos creían que se había suicidado, preocupándose de que nadie la encontrara. Estuvo desaparecida más de seis semanas. Pero en enero de 1979, un miembro del personal de mantenimiento encontró su cadáver: estaba en medio del suelo en una habitación del ático, donde supuestamente ya habían buscado a la desaparecida. Su cuerpo estaba desnudo y sus ropas estaban apiladas sobre el alféizar de una ventana.

Tras levantar el cadáver, los allí presentes vieron que se había formado una mancha. Los operarios del sanatorio trataron de borrarla, rascando el suelo de cemento. Pero fueron incapaces de acabar con ella. 40 años después la mancha sigue siendo perfectamente visible.

La verdad sobre la desaparición

Tras repasar la cobertura que la prensa local dio al suceso, sorprende la ligereza con que se trataba la desaparición de los pacientes del centro. En un artículo publicado el 12 de enero de 1979 en ‘The Post’ –el diario elaborado por los estudiantes de la Universidad de Ohio–, en el que se informa del descubrimiento del cadáver de Shilling, la superintendente del hospital en aquellos años, Sue Foster, explica que “no es muy habitual no localizar a un paciente que falta” y añade que “normalmente, los registros de los pacientes dados de alta o que desaparecen sólo se guardan 14 días tras su marcha”. En definitiva: Shilling desapareció sin dejar rastro y, pasadas dos semanas, fue olvidada por completo.

El último artículo sobre el caso que se encuentra en la prensa está fechado el 16 de enero de 1979. En él se explica que la investigación ha progresado muy poco, pero Foster explica que Shilling estaba viva cuando subió al ático, algo que, según él, significaba que quería estar allí. Lo que no explica es cómo las puertas se cerraron automáticamente por fuera. ¿Llegó la policía a investigar el caso? ¿Se realizó una autopsia en condiciones? Nadie lo sabe. Supuestamente, dado que se trataba de un centro estatal, debía ser la policía de Ohio la encargada de investigar el asunto, pero como explica Stine, no hay ningún archivo sobre el caso en sus ficheros.

En el momento de su muerte Shilling tenía 53 años, estaba casada y, según un historiador local, tenía un hijo. El certificado de su muerte asegura que falleció por “causas naturales”, pero según Stine lo más probable es que muriera de frío, encerrada en una habitación de la que no lograba salir, sin poder gritar en busca de ayuda, dada su condición de sordomuda y, probablemente, drogada con algún fármaco psicótico como la clorpromazina, cuyo uso estaba muy extendido en aquella época.

La infamia no es sobrenatural

En 2008 un grupo de investigadores de la Universidad de Ohio analizó la mancha dejada por el cadáver de Shilling y publicaron los resultados de su análisis en la revista ‘Journal of Forensic Science’. Su conclusión no deja lugar a dudas: la mancha original debió formarse debido a la descomposición del cadáver, pero lo que vemos hoy en día son las marcas de los productos químicos que se usaron para tratar de limpiarla, muchos más agresivos que los que se usan en la actualidad.

Lo que no dice el estudio es que gracias a la mancha conocemos hoy el caso de Shilling y podemos preguntarnos por la suerte que corrieron muchos pacientes como ella en los manicomios. Y basta darse una vuelta por el lugar en el que vivió y murió esta mujer para hacerse una idea.

Hay cinco cementerios en la propiedad en los que están enterrados cientos de personas que murieron en el centro: y la mayoría están identificadas tan sólo con un número. “Gente cuyas muertes no fueron investigadas, sobre las que no se escribieron artículos, sobre las que no circulan historias (ni mentiras)”, concluye Stine. “Es la gente que olvidamos. La gente que pasó toda su vida en el manicomio. Gente que fue malentendida y, en ocasiones, mal diagnosticada”.

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