Han pasado los años y el tiempo parece detenerse en este instante cuando los recuerdos se agolpan en mi mente trayendo a mi memoria enseñanzas, frases, detalles de lugares y acontecimientos que hoy los defino como puntos de partida o como eventos que de alguna u otra forma marcaron mi vida.

Ayer recordé aquella muñeca que cuando tenía 9 años me regaló mi madre como premio a mi actuación en una velada de la escuelita donde cursaba el cuarto grado con la recitación de la fábula: “ROMANCE DE DON GATO”, creo que amé tanto esa fábula que aún la rememoro completa.

Una mañana decidí llevar la muñeca para jugar en la escuela, tenía su piel muy rosada y para mi ingenuo concepto era perfecta, aunque tenía un extraño olor y su contextura era maciza, al regresar a casa después de una larga caminata mi madre me hizo bañar y fui llevando conmigo mi nuevo regalo, la sumergí en un tazón con agua, mientras yo tomaba mi refrescante baño; al salir quise tomarla entre mis manos para vestirla, cual sería mi asombro, la muñeca se deshizo entre mis dedos, ¡lloré tanto ,sin entender porque! luego mi madre me explicó que estaba hecha de un material no resistente al agua.

Lo que a esa edad me pareció un evento furtivo, no dejó de ser doloroso, ¡pero solo era una muñeca! una muñeca, imagen de niña o réplica de mujer. Cuántas veces hemos escuchado esta frase como ovación a la mujer por su belleza, por ser perfecta físicamente, pero nos hemos preguntado. ¿Qué lleva dentro de sí aquella mujer? ¿Será acaso que solo nos preocupa ser hermosas por fuera? ¿O seremos un objeto hueco que no tiene alma ni sentimientos? ¡Cuán delicado es Ser Mujer! ¡Cuán difícil es llevar este don sin llorar en soledad!, ¡Cuán irónico resulta ser hermosa!, ser gentil, ser educada, ser buena esposa, ser buena madre, ser buena amiga y finalmente no ser valorada.

Si bien es cierto no es fácil para algunas ser aquella mujer a quien Dios le dio una vasija llena de Luz infinita para compartirla sintetizada en todas las formas más hermosas para entregarse a los demás, en abnegación de esposa, madre y maestra, en ese ser en quien se apoya el esposo, en quien se confían los hijos, en quien es el centro protagónico del hogar, núcleo de la sociedad; esta misma sociedad las ha marginado, no se le ha dado mérito a su rol, no se han impulsado y reforzado sus valores.

He visto lágrimas en los ojos de aquella mujer que ama sin ser correspondida, de aquella que fue abandonada con sus hijos inmisericordemente, teniendo que llevar sobre sus hombros, responsabilidad de padre y madre a la vez, he visto aquella mujer que confía a pesar de todo y vuelve a caer en las redes de la mentira y el engaño. Y como ésta cientos de historias se repiten día a día. “MUJER” que según las sagradas escrituras fue hecha de la costilla del hombre para ser protegida y del lado del corazón para ser amada, en los actuales momentos es objeto de ignominia.

Cuán difícil es ser mujer en una sociedad que no mira su grandeza interior, en una sociedad que no hace a través de organismos gubernamentales algo por su desarrollo integral; sin embargo hay esperanzas cuando estamos conscientes de que en esta ardua batalla, gana la que es fuerte de espíritu, la que eleva su mirada a lo alto y decide no ser una muñeca, sino una Princesa digna de amor y de respeto y más que todo, respeto por ella misma y tiene el coraje de luchar contra sus propias emociones, por lo que es correcto delante de Dios, para confrontar sus propios valores.

Como mujer y madre exhorto a las mujeres que me leen a levantarnos, no permitamos que las críticas mal intencionadas corten nuestras alas, ni que la ignominia nos aparte de nuestros ideales, creamos en un Dios hacedor de maravillas y nosotras las mujeres somos parte de esa maravillosa creación, valientes y luchadoras para continuar delante de Aquel que nos dio el bendito y maravilloso don de ser MUJER.

Por: Lucy Angélica García Chica
Lucy-Angelica-Garcia-Chica

Escritora y Poeta