Detrás del bicentenario

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Este año los colombianos tendrían que celebrar con «bombos y platillos» el hecho más importante en la historia de un país, como es el logro de su independencia; el Bicentenario de haberse quitado de encima el yugo español, motivo por el cual miles de compatriotas derramaron su sangre para conquistar la soberanía y autonomía de un pueblo sojuzgado por la otrora potencia mundial, a pesar de que es innegable que también ese imperio nos aportó elementos que ayudaron a desarrollar al país desde lo económico, social y político. Infortunadamente Colombia siguió en las manos de una burguesía intermediaria que prefirió la dependencia económica, a través de sus negocios comerciales, que fomentar nuestro campo e industria y acumular el suficiente capital que lograra un auténtico desarrollo nacional. La falta de dichas transformaciones facilitó el caer en las garras del nuevo imperio, el más poderoso de toda la historia universal, como es el estadounidense, quien es el que decide qué se hace o se deja de hacer en Colombia.

Esa burguesía intermediaria colombiana se sometió al designio del imperio gringo desde el mismo momento en que entregó nuestro territorio nacional, comenzando con la afrenta de aceptar sin «chistar», con muy contadas excepciones, el «I took Panama” (Yo tomé Panamá), que fue la lapidaria frase del presidente gringo Theodore Roosevelt para zanjar la discusión sobre el acto perpetrado el 3 de noviembre de 1903, de despojarnos del Istmo, inaugurando una nueva etapa de sumisión de esa burguesía intermediaria gobernante a los intereses norteamericanos, después de haber sido independientes casi un siglo, desde el 7 de agosto de 1819 hasta entonces. Para contribuir a esa sumisión de los intereses nacionales a los de los gringos, la burguesía gobernante, insisto que con contadas excepciones, durante casi 120 años se ha dedicado a cambiar el significado de nuestra historia y gesta independentista, con el objetivo de desarmar los espíritus y el alma o ánimo del pueblo y neutralizar el objetivo de los sectores avanzados por la conquista de una Segunda Independencia.

Es cínica la actitud de esta burguesía, que ha pactado con Estados Unidos, a través de la banca multilateral, una onerosa deuda externa que representa 42 % del Producto Interno Bruto, con imposiciones que contribuyen a los intereses de esa potencia; que aceptó sumisa la imposición de su Tratado de Libre Comercio que sujetó a la Nación a sus multinacionales, de lo cual son hoy víctimas los sectores económicos y sociales, creando enclaves que se rigen por tribunales internacionales, pasando por encima de la Constitución Política; que persiste en otorgar garantías especiales a la Inversión Extranjera Directa que la hace más rentable, convirtiendo al país en un exportador de capitales, situación típica del capitalismo monopolista saqueador; que les entrega el dominio del mercado interno; que acepta que la guerra contra el narcotráfico sea utilizada como herramienta para inmiscuirse en los asuntos internos del país; que ha permitido la recolonización del país, a través de la imposición del modelo neoliberal, o que abandona los monumentos, entre muchos otros aspectos. Y aún así, es esta burguesía quien está al frente de los actos de conmemoración del Bicentenario de nuestra independencia. ¡Qué cinismo. Un país sin soberanía es inviable!

Por: José Arlex Arias Arias
Comunicador Social – Periodista
José Arlex Arias Arias