Dibujos de niños refugiados: el mar, sueños de reencuentro y Bob Esponja

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Niño refugiado¿Cuál es la relación entre Bob Esponja y la guerra en Afganistán o en Siria? En principio, ninguna. Pero pídales a un grupo de niños refugiados que pongan en un papel en blanco la primera cosa que les venga a la mente y allá estará el personaje, feliz, triste, revelando lo que pasa por la cabeza de los pequeños que intentan sobrevivir a la tragedia.

Las imágenes recorren el mundo a través de la lente del periodista brasileño André Naddeo, de 34 años, que, desde hace un mes divide su tiempo entre el trabajo voluntario en el puerto de Pireo, en Grecia, y Drawfugees – unión de las palabras draw, que significa dibujo en inglés, yrefugees, refugiados. Un proyecto independiente que cuenta a diario la historia de los niños acampados en el puerto, pero a través de sus propias miradas.

“La idea era darles voz a los refugiados, pero no necesariamente con un enfoque en tragedias. Quería que las personas de fuera reflexionasen sobre lo que está ocurriendo aquí, pero mostrando quiénes son esos niños, quiénes son sus familias, de dónde vienen, qué hacían antes de dejar sus casas. Muchos no quieren estar aquí. Todo lo que querían era estar en sus países”, contó Naddeo durante una entrevista telefónica con EL PAÍS.

Grecia es, hoy en día, el país de Europa que recibe a más refugiados. En su mayoría huyen de la guerra en Siria. Del puerto de Pireo, un municipio vecino a Atenas, salen cruceros de lujo con destino a las islas griegas. Y por allí llegan, también, cerca de un 85% de quienes buscan asilo en Europa. Se estima que, en la actualidad, 5.000 personas de varias nacionalidades viven acampadas en este puerto, a la espera de un asilo definitivo.

En toda Grecia son unos 50.000 refugiados e inmigrantes, una gran parte de ellos recogidos en campos en condiciones precarias. El país, que vive su propio infierno económico desde hace unos años, más de un millón de personas han entrado por vía marítima en busca de refugio desde 2015, lo que ha agravado la crisis humanitaria.

A pesar de la intención de dar voz a los niños refugiados, entrevistarlos no es una tarea fácil. Muchos son tímidos, desconfiados… De ahí, la iniciativa de pedirles que expresasen sus sentimientos utilizando un lápiz y una hoja en blanco. Con la ayuda de otros inmigrantes, que desempeñan el papel de intérpretes, Naddeo les pide autorización a sus padres – o a un adulto responsable, ya que muchos viajan sin su familia – y comienza la conversación con un “¿quién eres?”. Una pregunta sencilla que provoca respuestas profundas.

Cuenta que el primero en ayudarle fue el marroquí Morad Changae, de 29 años, que hacía las veces de intérprete del español al árabe o al farsi. Un día después de la conversación con el periodista, Morad dejó el puerto con destino a Macedonia. “Cuando la foto de aquel niño al que estaban pasando por debajo de un alambre de espino ganó el premio principal World Press Photo, fue muy conmovedor. Me quedé pensando: ¿Qué estarán sintiendo esos niños? La imagen es muy fuerte. ¿Recuerda el impacto que tuvo aquella foto del niño en la playa?… Y el dibujo no deja de ser una imagen, que también puede contar una historia”, explica Naddeo.

Cada ilustración se publica en la página del proyecto con una pequeña declaración del niño sobre su dibujo. La idea se inspiró en la línea de pedagogía Waldorf, que cree que los niños expresan en los dibujos “deseos, sueños, visiones, pero también ansiedades, miedos y preocupaciones”.

Al ver esos dibujos, te das cuenta de que no todo es tragedia. Hay muchas historias tristes, es verdad, pero también hay muchas historias bonitas que contar”, asegura Naddeo. Desde su llegada a Grecia, este brasileño reparte su tiempo entre el trabajo voluntario en el puerto – que va desde la limpieza del campamento hasta el montaje de fiambreras y kits de ropa para distribuir – y el proyecto, que ha contado con la colaboración de algunos amigos.

El periodista ha alquilado un piso en la ciudad, pero duerme varias veces a la semana en el puerto, en un esfuerzo por retratar de un modo más honesto lo que viven las familias en el campamento. “Como alguien de fuera, era difícil tener un diálogo más cercano. Pero saber que el otro, igual que tú, tuvo que usar un baño químico y dormir en una tienda fría, ayuda de cierta forma a romper la barrera de la desconfianza”, explica. El brasileño trabaja ahora para transformar la página en parte de un proyecto más amplio, “I Am an Inmigrant”, que pretende ser una especie de “portal del inmigrante” con historias de los refugiados.

*Este artículo se publicó originalmente en la edición de EL PAÍS en Brasil.

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