Dieta más sana y algunos consejos

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La alimentación del mundo actual es un asunto de vital importancia para las organizaciones internacionales de salud, por cuanto cada vez son más comunes los problemas de obesidad, hipertensión, infartos, obstrucciones vasculares por culpa de alto colesterol y triglicéridos, reumatopatías por exceso de ácido úrico y desórdenes gástricos. Entonces, es común escuchar en la televisión y en la prensa, temas sobre la manera de mejorar la nutrición.

Pero al hablar de dietas, la gente suele confundir un régimen alimenticio equilibrado con la abstinencia extrema de comidas, es por eso que muchas personas caen en el mal de la anorexia, aunque otro grupo de personas por problemas de pobre autoestima y ansiedad, caen en el radicalismo de la bulimia, que los lleva a graves estados de obesidad.

Otro aspecto que afecta la alimentación es, el abuso de productos alimentarios industrializados con excesos o presencia innecesaria de aditivos artificiales, que a largo plazo ocasionan estados cancerígenos.

Los nutricionistas insisten que por eso debemos establecer una dieta lo más natural posible, claro que para eso lo ideal es tener un régimen adecuado a la contextura natural de cada persona y las actividades laborales, pues no es lo mismo un organismo robusto o de tendencia al sobrepeso que otro menos robusto, y tampoco es igual un individuo que realiza trabajos sedentarios a otro que realiza labores de agricultura o es obrero de construcción. Sin embargo, hay dietas básicas que se pueden ajustar bastante bien a esas variables.

Algunos estudiosos sostienen que también el tipo sanguíneo (tipos O, A, B y AB) influye en la metabolización de los alimentos. Entonces algunas personas (de sangre tipo A) están más adaptados a una alimentación muy carnívora, y en esa función han desarrollado una sangre más ácida. En cambio los individuos que en la evolución de muchos milenios se abocaron a la agricultura rica en cereales y combinada con carnes influyó, para que tuviesen una sangre menos ácida (en cambio más alcalina), y surgieron los individuos de sangre de tipo B.

Luego, otros individuos desarrollaron una alimentación todavía más balanceada, hasta aparecer la sangre de tipo AB con un metabolismo mejor adaptado al consumo de alimentos vegetales y animales.

Pero dejando por ahora estos aspectos, aún nuestro mundo no quiere acatar bien la necesidad de una dieta sana, sobre todo lo más baja posible en grasas. Estudios más recientes sostienen que el aceite de soya es el más recomendable para la preparación de alimentos, por cuanto es rico en ácido omega 3, vitaminas A y D y es antioxidante, y ayuda a una buena transmisión de impulsos eléctricos de las neuronas y es insaturado (no se adhiere con facilidad en las venas) por lo tanto es muy similar a los aceites de origen marino, presente en el bacalao, tiburón y otras especies para consumo humano.

Pero, aunque el aceite de soya es muy beneficioso para la salud, no por eso debemos abusar de éste. Es más una buena ama de casa y los especialistas en preparar comidas deben entender que, las sopas con carnes rojas y de pollo y la cocción de frijoles en su caldo no necesitan de la adición de aceites, y en la preparación de arroz, pastas y “picadillos” el aceite es mejor agregarlo de manera dosificada, en cucharadas.

Aun así, estos consejos alimentarios no son suficientes, pues además las personas deben poseer un régimen de ejercicios físicos en tanto el cuerpo lo permita y con la guía de un experto, y a la vez evitar las adicciones al licor, cigarrillo y narcóticos; seguidos estos pasos nuestra calidad de vida será mejor.

Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos