El discurso del alcalde encargado

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“La Ciudad de la Esperanza”, que ha denominado el funcionario del gobierno nacional en sus discursos y en la que quiere envolver a una ciudadanía sumada en la desesperanza, que está sentada en la incredulidad por los traspiés en los que se ha visto envuelto el Distrito en los últimos meses, no da espera.

El discurso de Sergio Londoño Zurek, que demuestra las ganas de quedarse en el poder y de hacer creer que él cambiará una realidad de ingobernabilidad que no cesará hasta que llegue un mandatario elegido por la ciudadanía y no puesto en encargo, lleva a creer que se empeña en una campaña de imagen para una posible aspiración en un próximo periodo a la Alcaldía de Cartagena.

La falta de honra a su autoridad, el señor Presidente de la República, Juan Manuel Santos, al no darle crédito en sus intervenciones y hablar como si fuera alcalde titular, deja mucho que pensar.

El mensaje que expresa en ruedas de prensa, intervenciones en vivo por la red social Facebook e Instagram y en el dialogo con la gente demuestra que se olvida que está cumpliendo una función de encargado.

Pero “como es la cabeza así se comportará el resto del cuerpo”, los funcionarios del gobierno distrital también le siguen el juego y hasta olvidan darle honra porque eso es lo que ven.

El afán por mostrar que todo anda bien les ha llevado al alcalde y a los funcionarios (no de él) del Distrito a contradicciones; como por ejemplo, los posibles cambios de rutas de los buses articulados del Sistema de Transporte Masivo, anunciado por Transcaribe, que fue desmentido por Londoño Zurek, pero que nuevamente fue ratificado por el gerente de esta entidad.

A todo esto se le suma la falta de planificación para la contratación del servicio de vigilancia y la alimentación escolar en las Instituciones Educativas.

La desafortunada y apresurada decisión de decretar emergencia y calamidad pública por 16 edificaciones que estarían en riesgo de desplomarse tras un estudio al que ya nadie cree; pero con todo esto en sus discursos busca enmascarar la realidad.

El mensaje de “Cantarle La Tabla a Las OPS”, también denota el afán de protagonismos pero de igual forma resulta desafortunado cuando se tiene rabo de paja y muchos sectores saben que deben cumplir los compromisos con algunas casas políticas a las que se les empeñaron algunas dependencias del distrito.

Un discurso ante cientos de personas contratadas que están laborando “gracias al apoyo político de candidatos de partidos como Cambio radical y el partido de la U”.

Discurso que como dicen en la cultura costeña, eso es ponerse al “Bembeo”, porque los mismos asistentes a los que “les cantó la tabla”,; después del evento salieron a ponerse la camiseta de sus candidatos (Daira Galvis, Jorge Benedetti, Andrés García Zuccardi, entre otros) y hacer campaña para que alcancen la curul y así garantizar la continuidad en sus contratos. Es una realidad que no podemos desconocer.

Dirigentes y politólogos creen que está desfasado y busca tapar una realidad que solo él se cree; porque cuando se pregunta en las calles por lo que piensan de la gestión del encargado, la respuesta es que la ingobernabilidad reina.

Esperanza no es tapar la realidad; según el diccionario es la confianza de lograr una cosa o de que se realice algo que se desea. También cosa o persona que es objeto de esa confianza. Un encargo no traerá la misma confianza que lleva la titularidad.

Ojalá el alcalde encargado entienda que sus buenas intenciones no sacaran a la ciudad del atolladero que lleva muchos años, ojalá se pudiera, pero no será posible en corto tiempo. El alcalde no tiene la culpa, es un muchacho que se le ven las ganas de trabajar, solo que se ha metido en la cabeza una idea que los cartageneros no se tragan, no es la ciudad de las maravillas y quizá nunca lo sea; pero con el tiempo, con esfuerzo y con los pies en la tierra, con el tiempo podemos mejorar.

En Cartagena se tiene la esperanza que la interinidad acabe pronto.