Disfráz y cultura

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Cuarenta mil millones de pesos deja de mover la economía cartagenera tras no organizar sus empresas e instituciones al servicio de la cultura y festividades novembrinas. El carnaval del 10 al 13 de febrero es un termómetro para analizar e imitar estructuras organizacionales que hoy, según la Cámara de Comercio de Barranquilla, le permite mover aproximadamente 60.000 mil millones de pesos impulsados por ciudadanos nativos, y por un millón doscientos mil visitantes de Colombia y del mundo.

Dice la investigación que el 87% de estos recursos los aportan los sectores de la economía formal, y el 13% restante, los sectores informales en alimentos, bebidas y artesanías, que benefician a otras poblaciones como Cartagena, Sincelejo, Riohacha, Armenia, Cali Medellín, Bogotá y Santa Marta, las que van no solo al goce, sino también a ofrecer servicios y productos a la capital del Atlántico.

El carnaval genera 12.000 empleos (72,4% directos y 27,6% indirectos), con una ocupación hotelera el sábado de carnaval del 97,5%. Estas cifras resultan de la planificación cultural, donde el carnaval se maneja como una empresa, diferente a la Secretaría de Cultura, Patrimonio y Turismo, permitiendo financiarlo casi todo por la empresa privada, no debilitando las arcas culturales, usadas para promover las actividades del hombre y la mujer con más de 82 casas de cultura.

Si comparamos esto con nuestra ciudad, solo existe una casa de la cultural fundada en 1977 (“Casa de la cultura Cartagena”) y tenemos centros culturales y una red de bibliotecas que no permiten, por sus condiciones, recursos y apertura en el tiempo, llegar a los más necesitados del territorio. Hoy por ejemplo oímos voces sobre el traslado del IPCC a la megabiblioteca de La Popa, y hasta donde supimos, esa infraestructura carecía de baños y sistema eléctrico.

Paralelo a un traslado acondicionado con salones para actividades, el Distrito deberá alistar en las sesiones ordinarias de marzo el proyecto para crear la empresa que maneje las festividades novembrinas, y la restructuración del instituto, para permitir a las organizaciones culturales institucionalizarse (las que sean de interés público), pues estas llegan a las zonas más vulnerables de la ciudad y revisando sus antecedentes y resultados, entregarles el manejo de algunos centros para masificar y sostener la política cultural con sus gestores, generando sostenimiento propio y preparando el tejido humano, inclusive para procesos de cultura ciudadana sostenibles, que afine lo heterogéneo del habitante de Cartagena, y de esta forma generen sentido de pertenencia a la ciudad.

La cultura siempre se moverá paralela al desarrollo de las sociedades y una ciudad sin un proceso cultural planificado no tiene un buen pronóstico para avanzar, y más aún si hablamos de un territorio con distinción de la Unesco e icono nacional en reconocimiento a la mujer de Colombia con los reinados, donde mostramos nuestra raza, nuestro pensar, y amplio folclor.