Se dice que las Sagradas Escrituras son resultado de la inspiración divina, que recibieron los autores de las distintas épocas históricas, a las cuales pertenecieron. Aunque parezca raro cuando los estudiosos empezaron a coleccionar esa variedad de libros en uno solo llamado Biblia término que significa “libros”, surgieron muchas discrepancias al momento de incluirlos en ese compendio. De tal manera cada grupo de estudiosos hicieron sus propias versiones o listas de libros, que algunos han denominado canon.

Cabe mencionar, que para la conformación de la Biblia básica se necesitaron muchos siglos. En el Concilio de Roma (año 382), en acuerdo con el Papa San Dámaso I, se instituyó el Canon Bíblico, con los textos del Antiguo y los del Nuevo Testamento. Basado en los acuerdos del Sínodo de Laodicea (año363) y en el Concilio de Roma (antes mencionado), se ratificó el canon bíblico católico en el Concilio de Hipona (año393).

Así, se dejó en firme que, el Antiguo Testamento tendría 46 libros (32 canónicos y 14 deuterocanónicos, y el Nuevo Testamento con 27 libros (19 canónicos y 8 deuterocanónicos).

Además, la Iglesia Católica Romano–Bizantina de los primeros siglos (antes del cisma de oriente, del año 1054), aceptó el Canon Alejandrino que incluía la traducción de la Torá o Pentateuco (que contiene Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) a lengua griega gracias al trabajo realizado por 72 sabios, por eso a esa versión se le denomina la Septuaginta (iniciada en tiempos de Ptolomeo II que gobernó del 285 al 247 a.C).

Siglos después del canon alejandrino, se agregaron paulatinamente más libros al Antiguo Testamento, como Isaías, Tobías, Judit, 1 y 2 de Macabeos, Sabiduría, eclesiástico, entre otros.

Estableciendo algunas comparaciones, la Biblia hebrea contiene 24 libros, la Biblia Reina Valera o de los protestantes tiene 39 libros, y la Biblia ortodoxa 51 libros.

Posteriores traducciones y difusión masiva de la Biblia

Antes del siglo XVI, la Iglesia católica prohibía traducir la Sagradas Escrituras a lenguas vernáculas, según el decreto de la sesión IV del Concilio de Trento. Entonces, la Vulgata era la versión oficial o aceptada por la Iglesia Católica. Se sabe que la Vulgata fue realizada por San Jerónimo, doctor de la Iglesia, el cual vivió del 331 al 420 de la era cristiana. Dicho personaje tradujo la Biblia a partir de los antiguos textos hebreos, latinos y griegos de su época.

En Inglaterra, durante el reinado de Enrique VIII (que gobernó de 1491 a 1547), se cometieron grandes injusticias contra las personas que comenzaron a traducir la Biblia a la lengua inglesa. Así pues, un grupo fanático de sacerdotes y obispos condujeron a varios traductores a la hoguera al argumentar que, solo la Iglesia (de Inglaterra separada por el mismo Enrique VIII, de Roma desde el año 1534) tenía la autoridad de conservar las Sagradas Escrituras en latín.

El célebre William Tyndale (1492-1536), fue condenado a morir quemado, por traducir la Biblia a lengua inglesa. Solo dos años después de su muerte, el mismo rey permitió divulgar la Biblia en dicho idioma.

Respecto a las lenguas originales en que se pudo escribir el Nuevo Testamento, la mayoría de estudiosos aseguran que fue en algunos dialectos griegos, aunque se sospecha que otros de sus libros se escribieron originalmente, en arameo y hebreo.

Se dice que el clérigo Erasmo de Rotterdam (1466-1536) tradujo totalmente al griego el Nuevo Testamento (Novum Instrumentum publicado en 1516). Se estima que su traducción se basó en manuscritos muy antiguos; algunos los tomó prestados a Johannes Reuchlin, otros de la biblioteca de los dominicos en Basilea, Suiza. La versión Novum Instrumentum fue revisada en 1522, 1527 y 1533. La cuarta edición de Erasmo (1527), tuvo tres columnas, una con el texto en griego, otra en texto latín traducido por el mismo Erasmo y la última columna en el latín de la Vulgata.

Juan Ginés de Sepúlveda, le señaló a Erasmo en varias ocasiones, que había cambiado o diferido el significado de frases y palabras en comparación, a la Vulgata. Erasmo, al parecer intentó corregir esos aspectos, pero aun así, es posible que permanecieran algunas diferencias.
En el caso del protestantismo se tiene que, Martín Lutero (1483-1546) tradujo el Nuevo Testamento al idioma alemán (basado en la segunda edición de Erasmo de Rotterdam) pero con el inconveniente de que Lutero tergiversó la redacción a su antojo, para justificar sus extravíos. La primera versión del Nuevo Testamento en alemán, se da en 1522.

En torno al Antiguo Testamento, los bibliólogos no dicen claramente en cuáles textos se basó Lutero para traducirlo a idioma alemán, aunque se sospecha que varios teólogos le ayudaron en ese aspecto; en 1534 aparece la edición completa de la Biblia de Lutero.
Respecto al Antiguo Testamento, Lutero no incluyó los libros de Tobías, Judit, I Macabeos, II Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico (Sirac) y Baruc, pues se oponían a su doctrina (por supuesto que errada).

Casiodoro de Reina (1520-1594) fue un religioso español católico de la orden de San Jerónimo, que en dado momento abrazó el protestantismo. En dado momento decidió hacer una traducción de la Biblia al castellano (pero con vicios doctrinales al estar influenciado por las creencias de Martín Lutero). Para traducir el Antiguo Testamento, posiblemente se basó en los textos masotéricos (canon palestinense, también llamado Tanaj) que contiene 24 libros, también Casiodoro se basó en otras versiones incluso para el Nuevo Testamento (Veteris et Novi Testamenti nova translatio preparada en latín por Santecs Pagnino, por orden el papa León X y las versiones en griego de Erasmo). Algunos investigadores creen que Casiodoro consultó las Biblias de Juan Pérez de Pineda (1556), Francisco de Enzinas (1543) y de Juan de Valdés.

La versión de Casiodoro de Reina se llamó Biblia del Oso, por el hecho de tener en la primera página una ilustración con un oso. Se publicó en setiembre de 1569 y contenía los libros deuterocanónicos de la Oración de Manasés, el tercero y cuarto libro de Esdras, Judit, los pasajes en griego del Libro de Ester, Libro de Sabiduría, Libro de Eclesiástico, Baruc, los pasajes en griego del Libro de Daniel (Oración de Azarías y Cántico de los Tres Jóvenes, Historia de Susana, Historia de Bel y el Dragón, Libros I y II de los Macabeos.

Cipriano de Valera (1531-1600) nacido en Sevilla y ex monje de la orden de San Jerónimo, se unió al protestantismo calvinista, y en 1602 tomó la versión de Casiodoro Reina y le hizo cambios. Dicha versión fue llamada Biblia del Cántaro, por la razón de llevar impresa la ilustración de un cántaro en la primera página; la versión contenía todos los libros de la Vulgata.

A partir de 1862, Sociedades Bíblicas Unidas, nombran las ediciones como Reina-Valera. A la revisión de 1865, realizada por Angel Herreros de Mora (español) y Henry Barrington Pratt (USA), se le suprimieron los libros deuterocanónicos.
La revisión de 1909, fue hecha por Lorenzo Lucena Pedrosa, y suprimió algunos libros de la Biblia del Cántaro. La Reina Valera ha tenido otras revisiones en los años 1909, 1960, 1995, 2011 y 2015.

Las biblias Reina Valera, son las preferidas por los Testigos de Jehová, Adventistas, Episcopales de EE.UU, y otras iglesias protestantes.

Respecto a las versiones más actualizadas de la Biblia para el catolicismo de habla hispana, algunas están basadas en los antiguos textos masotéricos (de masora que significa tradición), por ser más claros de entender, en muchos aspectos.

Sin embargo, existen una serie de textos compilados en forma de rollos y otros en códices o cuadernillos de las Sagradas Escrituras, los cuales muchas veces ayudan a los estudiosos en teología y a los bibliólogos, a actualizar las traducciones.

De tal manera se pueden citar textos antiguos como son los códices Sinaítico y Vaticanus, (ambos del siglo IV), códice Efraemi, Bezae (siglo V o VI) y Regius (Siglo VIII). Pero la versión que aún es muy aceptada por los traductores de la Biblia católica es la Vulgata.
Con la aparición de la imprenta moderna de Juan Guttenberg, se edita en el año 1452 la Vulgata también conocida como Biblia de 42 líneas. Posteriormente otros editores empezaron a imprimir otras versiones como la Vincenta (Vicenza) en 1476, la Veneciana (Véneto) en 1495, la Complutense entre 1512 y 1517, la de Colonia (Alemania) en 1530 y las de París entre 1532 y 1542.

Consideraciones finales

Ante tantas divergencias, en cuanto a la manera de confrontar las biblias de los protestantes con respecto a las católicas, y para evitar que se desvíe el sentido original de nuestras versiones, la constitución dogmática “Dei Verbum” (del Concilio Vaticano II), en su capítulo VI, numeral 23 certifica:

“La Esposa del Verbo Encarnado, es decir la Iglesia, enseñada por el Espíritu Santo, se refuerza en acercarse de día en día a una más profunda inteligencia de las Sagradas Escrituras, para alimentar incesantemente a sus hijos con las divinas enseñanzas, por lo cual fomenta también convenientemente el estudio de los Santos Padres, así del Oriente [Iglesia Ortodoxa] como del Occidente [Iglesia en Roma], y de las Sagradas Liturgias.

Los exegetas [estudiosos] católicos y demás teólogos deben trabajar aunando diligentemente sus fuerzas, para investigar y proponer las Letras divinas, bajo la vigilancia del sagrado Magisterio, con los instrumentos oportunos, de forma que el mayor número posible de ministros de la palabra divina puedan repartir fructuosamente al pueblo de Dios el alimento de las Escrituras, que ilumine la mente, robustezca las voluntades y encienda los corazones de los hombres en el amor de Dios.

También, es conveniente que todo cristiano católico que lea la Biblia tenga buen criterio y análisis e incluso, se nutra de otras fuentes literarias de apoyo, como son los libros de historia antigua y teología, escritos por los Santos Padres para entender mejor algunos simbolismos y formas de expresión de las gentes de los tiempos antiguos, y así no caer en los errores de leer la Biblia al pie de la letra, únicamente. Eso sí, lo más esencial es pedir a Dios, el don de la voluntad para poder vivir las enseñanzas bíblicas sobre aspectos como la verdad, justicia y santidad, y así tratar de ser cristianos auténticos.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Investigador y escritor