Economía colombiana a la baja: las cosas van peor de lo que se esperaba

Todos los indicadores y todos los observadores concuerdan en que la mala situación se está agravando. En vez de más disculpas y remiendos, necesitamos repensar la insistencia obsesiva del Banco de la República en controlar la inflación a costa del crecimiento.

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A comienzos de este año las autoridades económicas nos enviaron un mensaje de tranquilidad, y el Ministerio de Hacienda impulsó el programa Colombia Repunta, que aspiraba a lograr un crecimiento de al menos 2,5 por ciento en el 2017.

Este ambiente de optimismo estaba reforzado por las proyecciones positivas del Fondo Monetario Internacional (FMI) que en enero de 2017 apuntaban a que el crecimiento anual sería de 2,6 por ciento. Incluso algunos economistas se atrevieron a afirmar que 2017 sería mejor simplemente porque 2016 fue muy malo.

Han pasado más de cuatro meses del año, el panorama ya no es tan alentador y todos los pronósticos de crecimiento del PIB para Colombia han sido reajustados hacia abajo, tanto por las entidades externas como por las entidades financieras locales.

El FMI ha revaluado la cifra y ya el crecimiento del PIB que espera este organismo para 2017 no es de 2,6 sino de 2,3 por ciento. Esta cifra aún es optimista pues los departamentos de investigaciones económicas de los principales bancos del país apuntan a un 2 por ciento.

El pronóstico más reciente del Banco de la República confirma las expectativas a la baja, con un crecimiento esperado para 2017 de 1,8 por ciento, lo cual llevó a que en la última reunión de la junta directiva se haya acordado una baja de 50 puntos básicos en la tasa de interés. El que una junta que se ha mostrado tan obsesionada con el control de la inflación y tan poco flexible sobre la tasa de interés haya tomado semejante decisión es un indicio evidente de que el panorama es de veras preocupante.

Cifras preocupantes

Algunos de los datos publicados por el DANE sobre los dos primeros meses del año también muestran un panorama desalentador. La producción real de la industria manufacturera tuvo una caída del 3,2 por ciento en febrero respecto del mismo mes del año anterior. Y las ventas reales muestran una tendencia similar. Esta caída puede apreciarse en la Gráfica 1.

Gráfica 1: Variación anual de la producción, las ventas y el personal ocupado de la industria manufacturera 2017 – 2016 (febrero). Fuente: Dane

Según la encuesta de opinión empresarial de Fedesarrollo, se ha presentado una caída en la confianza industrial en marzo frente al mismo mes de 2016. Esto se debe fundamentalmente a un deterioro de indicadores de expectativas y volumen de pedidos.

El sector industrial es importante para calcular el crecimiento, pues en 2016, gracias a la entrada en funcionamiento de Reficar, este creció de manera significativa y gracias a este choque temporal el crecimiento no fue inferior al 2 por ciento ese año. Los efectos positivos temporales de Reficar han desaparecido y la industria seguramente se sumará a los sectores que están en territorio negativo en el primer trimestre de 2017 y que empujarán el PIB hacia abajo.

Aparte de todo esto, la encuesta de comercio al por menor del DANE para los meses de enero y febrero muestra una variación negativa de las ventas reales. Esto es consistente con el índice de confianza al consumidor (ICC) que se muestra en la Gráfica 2, el cual, a pesar de las leves recuperaciones, sigue en terreno negativo.

Otro dato que sirve como termómetro de la falta de confianza es el crecimiento de la cartera de los establecimientos de crédito que se muestra en la Gráfica 3.

Gráfica 3: Crecimiento de la cartera de los establecimientos de crédito
Fuente: Banrep con datos de la Súperfinanciera.

En esta gráfica se ve que tanto el crédito de consumo como el hipotecario han tenido una tendencia de crecimiento relativamente estable durante el último año. Esto permitía mantener un consumo guiado por el crédito, con las personas esperando una pronta recuperación en 2017. Por eso, si la recuperación no se da rápido (antes del tercer trimestre de este año) es probable que los indicadores de aumento de cartera y de cartera vencida empiecen a ir a la baja. Hay que ver también cómo el crédito comercial se viene desplomando desde mediados del año anterior y el efecto que esto tendrá sobre el bajo crecimiento que se espera.

¿Qué harán para enderezar el barco?

Con este panorama sobre la mesa es muy probable que el dato oficial de crecimiento del primer trimestre de 2017 que saldrá en las próximas semanas sea inferior al 1,5 por ciento. En algunos círculos se habla incluso de un primer trimestre con un crecimiento de entre 1,1 y 1,2 por ciento, la cual sería una cifra similar a la del tercer trimestre de 2016, cuando el paro camionero sirvió como excusa para explicar el mal desempeño de la economía.

Seguramente este año las autoridades económicas argumentarán que la baja se debe a la incierta coyuntura externa en la era Trump y al golpe que la corrupción le dio a la confianza en el sector de infraestructura, que era uno de los sectores pujantes en 2016, junto con la industria.

Algunos sectores que estaban en terreno negativo, como la explotación de minas y canteras junto con suministro de agua, gas y electricidad, seguirán en este terreno. Todavía se está muy lejos de los propósitos de Colombia Repunta, un proyecto que tal vez no vuelva a ser mencionado en los medios ante la dura realidad.

De nuevo el único sector que crecerá por encima de los demás (aunque esta vez en un menor porcentaje) será el financiero. Es claro que este sector ha sido el principal beneficiario de la obsesiva lucha contra la inflación en 2016 con altas tasas de interés en momentos de desaceleración. Se piensa siempre que la tasa de interés es una herramienta para afectar el nivel de precios, pero nunca se enseña que esta tiene efectos redistributivos que benefician a los tenedores de títulos financieros y a un sector que no es intensivo en empleo.

Todavía no se ha disparado el desempleo, como se esperaría en un momento de desaceleración. Incluso para el mes de marzo el desempleo mostró una disminución. Pero la verdad es que, como la definición de empleados también incluye al sector informal, si una persona con un empleo calificado y formal queda sin trabajo pero decide manejar un Uber no se afectará la cifra de desempleo. No obstante, su nivel de ingresos sí caerá, lo que tendrá efectos directos sobre el consumo de los hogares, que también sigue en terreno negativo.

¿Recesión a la vista?

La situación económica no es nada prometedora y algunos columnistas especializados, como Salomón Kalmanowitz y Eduardo Sarmiento, han hablado incluso de posibles escenario de recesión.

El Banco de la República finalmente hizo una baja sustancial de las tasas, aunque aún tenía espacio para arriesgar mucho más, e incluso una baja en 100 puntos porcentuales no era descabellada ante el preocupante escenario que vivimos.

Seguramente una vez hayan sido publicados los datos oficiales de crecimiento del primer trimestre de 2017 el Banco central se verá obligado a una nueva reducción de tasas de interés. El deseo de volver rápidamente a la inflación objetivo no puede ser la única ruta cuando las alarmas están prendidas por una fuerte desaceleración; y menos cuando empiezan a sentirse los efectos negativos de la estricta política monetaria de la primera parte de 2016.

Es claro que se bajó la inflación, pero el costo de hacerlo ha sido muy alto y la incertidumbre respecto al crecimiento de 2017 tiene parte de sus raíces en las apuestas ortodoxas de la política monetaria del año anterior. Es posible que la decisión de empezar a bajar las tasas haya llegado tarde y es el momento de arriesgar mucho más ante la demora de la decisión.

Si el crecimiento del segundo y tercer trimestre de este año repite los patrones del primer trimestre, habrá que reflexionar más sobre los costos de bajar la inflación y su impacto sobre el crecimiento. Cada vez más economistas hacen un llamado a revaluar el estado de la macroeconomía y a reflexionar sobre los regímenes de inflación objetivo en coyunturas de desaceleración en economías pequeñas y dependientes de las materias primas.

Por:Diego Guevara
Profesor EICEA de la Universidad de la Sabana y profesor de la maestría en Ciencias Económicas de la Universidad Nacional.

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