Uno de cada cinco jóvenes de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) no termina la educación secundaria; durante la etapa adulta, pueden enfrentarse a situaciones de marginación y empleos precarios con salarios inferiores. La diferencia entre las aptitudes desarrolladas en los centros educativos y las competencias que requieren los puestos de trabajo de las empresas provocan desfases económicos y sociales que dificultan la creación de sociedades incluyentes.

Margaret Chan, Directora General de la OMS, explica cómo el grado de interdependencia entre nutrición y educación es mayor de lo que imaginamos y afecta al diseño de intervenciones y estrategias para la primera infancia. Durante esta etapa las experiencias vividas pueden afectar al desarrollo del cerebro y al desarrollo emocional, provocar dificultades en el aprendizaje y en la identificación y gestión de emociones. El informe de UNICEF Estado Mundial de la Infancia 2016 destaca la oportunidad para actuar y modificar los ciclos intergeneracionales de inequidad.

“Las intervenciones en los primeros años pueden incluso afectar al nivel de ingresos en el futuro”, señala UNICEF, pero la desigualdad no sólo afecta a nivel económico sino al acceso a la educación. Las diferencias son mayores cuando los niños avanzan en las distintas etapas educativas, una tasa elevada de matriculación no siempre se traduce en un aprendizaje positivo. En Uganda, a pesar del número de matrículas, poco más de la mitad de los niños de quinto grado podían leer historias para estudiantes de segundo. Las pruebas de evaluación internacional de estudiantes de enseñanza secundaria en países de ingresos medios destacan niveles de aprendizaje muy bajos.

Situaciones de crisis, epidemias, desastres naturales o conflictos armados que se prolongan en el tiempo agravan la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran muchos niños y niñas. Puertas que se cierran y parecen obedecer a un sistema determinista diseñador de caminos para las personas del presente. La Coalición Mundial para proteger la educación de ataques documentó miles de asaltos a estudiantes, profesores e instituciones en 70 países durante 2013. Los desastres naturales asociados con el cambio climático dañan las infraestructuras escolares, en muchas ocasiones son transformadas en centros de asistencia y evaluación para las catástrofes. La educación no es una prioridad en la asistencia humanitaria, en 2013 se destinó menos del 2% de los fondos recaudados.

Los mecanismos de ayuda no siempre responden a las necesidades reales, se pueden dar respuestas rápidas desde una perspectiva que permita financiar la educación de menores que se enfrentan a situaciones de exclusión a largo plazo. El niño que jugaba con la tierra no imaginaba que un día tendría que huir de ella. Es difícil adivinar en qué momento las personas optan por un camino de interés propio y olvidan que son parte de un todo.

Por: Claudia Brihuega Ortiz
Periodista


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