Soñar con un buen Alcalde para Cartagena pareciera que fuera algo imaginario, y por qué no decir, un anhelo producto de una mente fantasiosa de quien todavía cree que hay esperanza, que es lo último que se pierde, dice el refrán; y como dicen “Las Escrituras”, lo que siempre permanece.

Indudable es que el alcalde con que sueña la mayor parte de la ciudadanía, esa que es víctima de la histórica injusticia social, esa con registro de grandes carencias en todos los índices que reflejarían el disfrute de una buena calidad de vida, y esa que solo es tenida en cuenta para usarla como frías cifras en los repetitivos, y ahora de moda, foros de diagnóstico de pobreza, esa es la Cartagena que sueña con un Alcalde que, de corazón, le tienda la mano, la escuche y la atienda en la mitigación de sus precariedades. Con este Alcalde soñamos la mayoría.

Pero por el contrario, hay un pequeño grupo de ciudadanos, desafortunadamente, que sueñan diferente; ellos sueñan con un Alcalde que los privilegie con la contratación estatal, y además, le acomode las licitaciones; ellos sueñan con un Alcalde que los exonere de impuestos, y además, le prescriban los que adeudan; ellos sueñan con un Alcalde que los favorezca con burocracia preferencialmente para su núcleo familiar y sus concubinas. Esto, que no es calumnia ni falsedad, es la triste realidad de lo que ha sido nuestra administración distrital.

La mayoría soñamos con un Alcalde que entre y salga por la puerta principal del Palacio de la Aduana, y no, como casi todos lo hacen, por puertas falsas o esfumándose a través de las escaleras o especie de conducto que desde el recinto del despacho conduce al interior de los baños públicos empotrados en un fragmento de muralla y que desembocan en la diminuta Plaza Pareja, la misma de “Fidel”. No soñamos con un Alcalde así; soñamos con alcalde que no le tema, ni se le esconda, ni se rehúse a atender al pueblo que gobierna. Este no es el Alcalde con el que soñamos la mayoría de cartageneros.

Los cartageneros soñamos con un Alcalde que no use su respetado Despacho para celebrar reuniones a altas horas de la noche con inmorales noctámbulos que solo buscan despojar a la administración de sus recursos financieros a través de propuestas deshonestas y para su beneficio personal. Así soñamos que sea el Alcalde de Cartagena.

Soñamos con un Alcalde que no sólo le dé la cara a los medios de comunicación sino que además entienda que los mismos no son mendigos ni pordioseros, ni mucho menos personas que deban ser sometidas a un injusto e irrespetuoso procedimiento de contratación concentrado en un amigo de la administración que cercena en gran manera el justo pago que se debe recibir por un servicio prestado.

Los cartageneros soñamos con un Alcalde al que por lo menos se le vea el verdadero interés en empezar, por lo menos, a mitigar los eternos y nuevos problemas de la ciudad como las inundaciones, la inseguridad, la limpieza y dragado de los cuerpos internos de agua, el caos vehicular, los abusos en los decibles en los equipos de sonido, la invasión del espacio público, el expendio de insalubres alimentos callejeros, las deficiencias de Transcaribe.

Soñamos con un Alcalde que emprenda soluciones serias con el Mercado de Bazurto, que dé al servicio el Mercado de Santa Rita, y que espante la prostitución infantil y el microtráfico disperso en toda la ciudad.

Finalmente soñamos con un Alcalde que no le haya “vendido su alma al diablo”.

¿Será que podremos soñar con alcalde así?

Por: Álvaro Morales
alvaro morales 2018