El Barça no controla la renovación de Messi

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La selección argentina con la soga apretadita al pescuezo se encomendó a Leo Messi e hizo bien. Resulta tan evidente que es el único que puede girar un partido, que está por encima, que es el mejor y punto, que el 1-0 de falta directa por la escuadra ante Colombia y la cara de cabreo posterior- que viene a ser un ‘hola, soy Leo, ¿hasta cuándo tengo que demostrarlo?- que a los que le contamos pocos calificativos nos quedan ya de tanto usarlos. Y mientras Messi volvía a hacer de Messi en Argentina, en Barcelona se preguntan cómo es que no ha renovado ya. La respuesta sólo la tiene él, que es el rey. El puto amo.

El diario Marca publicó el lunes que desde el pasado mes de julio Leo Messi había dejado aparcada su continuidad en el FC Barcelona. Nadie de su entorno salió a decir lo contrario, y mira que podían hacerlo a través de los altavoces que eligieran. Aquí y allá. Resulta más conveniente por aquello de los cliks apuntar a una mano negra, una sombra, el humo, la conspiración. Messi no ha renovado porque van a por él. Messi se lo piensa por sus problemas con Hacienda y la persecución a la que está sometido. Messi contra el sistema, Messi contra todo y todos.

Leo Messi tiene a un ejército jurídico a su servicio. Y cuando se publica algo, ni que sea una crítica de un periodista argentino que aquí ni conocemos, se produce una llamada. Conviene llevarse bien con ellos, ese ‘entorno’ amorfo que nunca da, pero avisa que puede quitar y anda siempre atento a qué se dice. La empresa, la marca, la mancha y el toc- toc permanente, no vaya a ser que alguien ose ensuciar la imagen del rey, del amo, del dios. Él sólo se dedica a jugar, dejarse crecer la barba pelirroja y tatuarse como le viene en gana. Es Messi. Y punto.

Puedo imaginarme el telele en el Barça esperando la llamada para empezar a negociar. Lo que él quiera y cuánto quiera. Resulta comprensible que, puertas afuera, hagan ver que controlan la situación y no están nerviosos. Que repitan como un mantra que Leo no encontrará mejor ecosistema para hacer lo suyo. Que caerá como si no tuviera otro remedio por la fuerza de la gravedad, como si todo fuera una cuestión lógica resuelta con un par de ‘esades’. ¿Dónde va a estar mejor Messi que en el Barça?, se preguntan sin haber hablado nunca con él. Porque Leo habla con los suyos. Y no son los de las corbatas.

Messi no tiene ningún periodista de cabecera en Barcelona. Tampoco en Argentina. La única que ofrece gratis una mirada del día a día es su mujer Antonella, que en su cuenta de Instagram publica fotos de la estrella en la intimidad, ya sea con los hijos o los tintes de pelo. No hay más pistas que esas. El Barça tiene motivos para ser optimista en lo que a Messi se refiere, porque parece un tipo feliz, se lleva bien con sus compañeros y nadie le hace sombra. De ahí a sentirse súper tranquilos existe un trecho.

Messi hará lo que quiera hacer y para todos aquellos que estudiaron en coles pijos a los que siguieron institutos pijos, universidades de dinero, post grado y segunda residencia en la Cerdanya les debe dar vueltas la cabeza, porque no lo entienden. Tienen a su favor que Messi parece un tipo feliz. Tienen en su contra todo lo demás. Y terminarán haciendo lo que Messi quiera y cuándo quiera. No le controlan, no lo saben. “Humo”, fue la palabra que usaron desde dentro del club para quitarse de encima las dudas sobre la renovación. Como si estuvieran a los mandos del aparato. Humo es lo que venden y hay quien se lo compra. Leo, mientras, hará lo que le dé la gana.