Los escritores y patriarcas bíblicos han recibido la iluminación divina, que les ha permitido expresar al mundo que la homosexualidad es un pecado grave; y es que cualquier pecado implica la oposición al plan de Dios.

Sin embargo, actualmente grupos de personas gay se han “sacado de la manga” una serie de argumentos, que pretenden convencer a la demás gente, que Dios desde el principio vio que la diversidad era buena y la aceptó. Empero, esa idea de diversidad está mal usada por la comunidad lésbico –gay; en cambio la verdadera diversidad es la que se da en la complementación de hombre y mujer. Por otra parte, algunos estudiosos del tema aseguran poseer terapias para curar a las personas de conducta homosexual. Eso ha levantado roncha en los homosexuales, pero lo cierto es que la homosexualidad no es una enfermedad fisiológica, pero sí es una enfermedad espiritual y por falta de valores cristianos. Pese a lo anterior, en los últimos años y producto de esa pérdida de valores, se ha soltado el boom gay.

En el libro del Levítico del Antiguo Testamento y en el contexto del Nuevo Testamento, san Pablo y san Juan, principalmente, dejaron muy claro que, se debe evitar toda forma de impureza sexual (aspecto que incluye a la homosexualidad). Lastimosamente para muchos, la posición de personajes como los mencionados es homofóbica, pero si eso es cierto, entonces Dios también es homofóbico. Pero dado que Dios, está en una condición de verdad y moral absoluta, entonces debemos despojarnos de la soberbia que nos impide aceptar tal realidad.

San Pablo en Romanos 1.19-28 sabiamente expuso: «Porque lo que se puede conocer de Dios lo tienen a la vista, ya que él mismo se lo ha dado a conocer. Lo invisible de Dios, su poder eterno y su divinidad, se hacen reconocibles a la razón, desde la creación del mundo por medio de sus obras.
Por tanto no tienen excusa; ya que, aunque conocieron a Dios, no le dieron gloria ni gracias, sino que se extraviaron con sus razonamientos, y su mente ignorante quedó a oscuras. Alardeaban de sabios, resultaron necios, cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes de hombres corruptibles, de aves, cuadrúpedos y reptiles.
Por eso Dios dejó que fueran dominados por sus malos deseos, que degradaban sus propios cuerpos.
Como cambiaron la verdad de Dios por la mentira, veneraron y adoraron la criatura en vez del Creador –bendito por siempre, amén–, por eso los entregó Dios a pasiones vergonzosas. Sus mujeres sustituyeron las relaciones naturales con otras antinaturales. Lo mismo los hombres: dejando la relación natural con la mujer, se encendieron en deseo mutuo, cometiendo infamias hombres con hombres y recibiendo en su persona la paga merecida por su extravío.
Y como no se preocuparon por reconocer a Dios, él los entregó a una mente depravada, para que hicieran lo que no es debido.»

Pese a tan contundentes palabras, debemos convencernos de que el homosexualismo se ha vuelto una moda, por eso muchos ahora las personas homosexuales se enorgullecen, pero ante la moral cristiana eso siempre será algo vergonzoso.

Por. Osvaldo Corrales Jiménez 
Comentarista de temas cotidianos