El país está a la vanguardia de la industria internacional del cannabis medicinal y las empresas con licencias para cultivar y transformar cannabis para usos médicos siguen creciendo; Colombia tiene el mayor cupo para cultivo de cannabis permitido por la JIFE a nivel mundial y los pequeños y grandes empresarios no quieren desaprovecharlo. Y aunque en la memoria de muchos habitantes de la región caribe resuena el término “Marihuana” asociado a tiempos de violencia y la bonanza marimbera que tocó el corazón de la sociedad costeña, lo cierto es que el cannabis medicinal va contrario a toda actividad delictiva. Incluye tratamientos médicos que han logrado aliviar condiciones médicas como la epilepsia, la artritis, la fibromialgia, el dolor crónico, entre otros.

Entonces, ¿Cuál es el primer camino que debe ofrecerse a los costeños para teñir de esperanza un pensamiento que esta coloreado de la sangre de la violencia del pasado? La respuesta es la misma para cualquier aspecto que nos permite crecer como seres humanos conscientes; la educación. Y es que quien dijo que el conocimiento es poder, no se equivocaba. El poder de conocer sobre el mundo que nos rodea nos ha guiado a la modernidad y ayudado a avanzar como sociedad; el conocimiento rompe estigmas, mitos y ficciones, y lo cierto es que el cannabis es la respuesta a muchos tratamientos médicos.

Por ello, como parte de la regulación en Colombia y para evitar que la legalización del cannabis se malentienda como un paso más para la historia de narcotráfico del país, el Ministerio de Justicia, el Ministerio de Salud, el ICA, el Fondo Nacional de Estupefacientes (FNE) y el Ministerio de Agricultura consolidaron diferentes tipos de licencias que pueden gestionarse dependiendo el interés de operación de cada empresario; semillas, cultivo de cannabis psicoactivo y no psicoactivo y fabricación de derivados. Hasta el momento en los medios se exponen las diferentes empresas extranjeras que tienen las licencias en nuestro país, pero igualmente hay un número importante de empresarios colombianos que le apostaron a la industria. Industria que sigue esperando por más colombianos que entiendan sus inmensas oportunidades.

“La historia del cannabis en Colombia está marcada por actos violentos que han determinado el destino de la planta. Pero como dicen, la historia es pasada, el futuro es hacia donde debe apuntar nuestra visión y ese futuro es verde.” Afirma Dante Picazo, presidente Pharmacology University, una de las empresas que ofrece cursos profesionales de cannabis medicinal. Y si bien en una perspectiva industrial, el futuro tiene forma de cannabis en el país, el cannabis no es tan desconocido por nuestro cuerpo, ya que todos tenemos un Sistema Endocannabinoide que responde positivamente cuando consumimos comestibles, medicamentos y aceites de cannabis.

Verán, el cannabis está compuesto por más de 400 cannabinoides (los más populares son el CBD y el THC, siendo este último el componente psicoactivo) y el cuerpo humano tiene receptores cannabinoides (el CB1 y el CB2) los cuales se encargan de procesar los cannabinoides del cannabis y ayudarlos a que en armonía mantengan una homeostasis o estabilidad química dentro de nuestro cuerpo. Además de los aspectos médicos, no se puede desconocer que “tenemos las mejores condiciones de suelo y clima para convertirnos es los mayores exportadores de cannabis legal y con ello proveer al país de grandes ganancias y crear miles de empleos en diferentes industrias” como segura Katerin Osuna Robles, quien organiza seminarios de cannabis medicinal en Latinoamérica y Estados Unidos.

La educación nos provee un sentido de responsabilidad y seguridad de consumo y de cultivo, de saber cómo beneficia a nuestro cuerpo y al planeta y de regir los cultivos según las normativas para que todos puedan consumir la mejor calidad de la medicina que nuestras tierras pueden dar. Es entonces el momento para que toda la sociedad costeña se eduque y tome las riendas de esta industria.