El complicado contexto turco

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TurquíaPuede que haya triunfado el quinto golpe de Estado en Turquía en menos de un siglo. El país, siempre a caballo entre Oriente Medio y Europa, tiene un contexto muy complejo, entre otras cosas por su posición geográfica. Limita al sur con Siria, donde hay una guerra que parece no tener fin desde hace cincos años y acoge a más de 2,5 millones de sirios en su territorio como refugiados, según los datos de la Agencia para los Refugiados de las Naciones Unidas (ACNUR).

Además, juega un papel fundamental tras pactar con la Unión Europea (UE), donde siempre ha aspirado a entrar, para frenar el flujo de refugiados a una Europa que se dice desbordada.

En 7 de junio del año pasado el partido gubernamental, el islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) del presidente Recep Tayyip Erdogan perdió la mayoría absoluta en las elecciones legislativas con la entrada de la izquierda prokurda, el Partido Democrático de los Pueblos (HDP), en el parlamento. Hasta entonces y desde 2002 el AKP, fundado por Erdogan, retenía mayoría absoluta. El partido se negó a negociar con las demás fuerzas y tras no haber acuerdo de gobierno, se repitieron los comicios el 1 de noviembre. El AKP recuperó la mayoría absoluta.

Antes, en julio del año pasado, el gobierno relanzó el conflicto con los kurdosdel proscrito Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), con quien había llegado a un acuerdo de paz en 2013. Los kurdos son el mayor pueblo sin Estado en la tierra, principalmente están divididos entre varios países y a principios del siglo XX se quedaron sin su propio país. Volver a las armas y la revuelta de los kurdos le dio la victoria al AKP. Desde entonces, hay una auténtica cruzada del ejército, objetivo de grupos armados, contra la población kurda en el sureste del país, tal y como denuncian varias ONG.

Los kurdos representan un 28% de la población total de Turquía. Son unos 20 millones de habitantes y ocupan también un 28% del territorio; sobre todo en 14 provincias donde son mayoría y otras nueve donde representan un porcentaje importante de la población.

La guerrilla kurda inició su lucha armada contra el Estado turco en el año 1984 y desde entonces han muerto más de 45.000 personas en atentados y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad turcas.

No obstante, el AKP no logró la mayoría necesaria de tres quintas partes para modificar la Constitución y cambiar el sistema político del país hacia uno presidencialista como el de Rusia o Francia. Erdogan, ex primer ministro con tintes dictatoriales, es presidente desde 2014 y jamás ha ocultado su sueño en sus extravagantes intervenciones.

De hecho, las tensiones con Erdogan llevaron a Ahmet Davutoglu, primer ministro elegido en noviembre, a dimitir en mayo. Aunque luego Davutoglu fue testigo en la boda de la hija de Erdogan, poco después de dimitir. Le reemplazó en el cargo Binali Yildrim, en sintonía con el presidente.

La solución para llegar al sistema que pretende Erdogan ha sido que se apruebe una ley, que ha causado varias peleas en el parlamento, que permite echar a los diputados que son investigados por terrorismo y si son declarados culpables pierden su escaño y nadie les sustituye. Esa medida afectaba a la mayoría de políticos de la bancada del HDP y otros opositores, lo que allanaría el terreno a Erdogan, que acusa al HDP de ser la rama política del PKK.

El gobierno turco, de tendencia islamista, ha sido ambiguo respecto a la lucha contra el yihadismo en Siria. Ha pasado de la permisividad y la permeabilidad en sus fronteras a luchar contra los terroristas con artillería y dejar sus bases a la coalición liderada por Estados Unidos. Aunque además de atacar al Estado Islámico, también ataca a los kurdos sirios que intentan establecer un estado federal en la frontera con Turquía.

Si bien, el país otomano ha sido atacado en varias ocasiones por yihadistas en los últimos meses. En junio hubo un ataque en el del Aeropuerto de Estambuly en octubre el peor de la historia del país, con 102 muertos. Además, son comunes los ataques de grupos armados kurdos y escisiones del PKK como los Halcones de la Libertad del Kurdistán (TAK) contra el ejército, tanto en el sureste del país como en grandes ciudades. La inseguridad ha llevado a unafuerte caída del turismo en un país en el que más del 60% del PIB proviene del sector de los servicios.

Erdogan pasó de ir de vacaciones con Bashar el Asad, el presidente sirio, a intentar derrocarlo a toda costa. Ello también ha llevado a Turquía a apoyar a varios grupos rebeldes en Siria, como ha hecho Arabia Saudí y otras monarquías del Golfo. Pero parece que cambia la cosa y si Estados Unidos decide apoyar a El Asad, el país otomano también está dispuesto a hacerlo, como dejó entrever el primer ministro esta semana.

Turquía, miembro de la OTAN, ha reanudado sus relaciones con Rusia tras una disculpa de Erdogan. Se vieron enturbiadas por el derribo de un caza en la frontera siria. También con Israel y Egipto se han relanzado los lazos, y Turquía reconstruirá algunas áreas de Palestina tras llegar a acuerdos con Tel Aviv.

En la crisis de los refugiados, Turquía juega un papel fundamental al firmar el pasado mes de marzo un polémico acuerdo con la UE que ha permitidodisminuir el flujo de emigrantes a Europa desde las costas turcas y poder deportar a los que llegan de forma ilegal.

Hasta 2014 la principal ruta de entrada por mar a Europa era desde Libia, y hacia las costas italianas. En 2016 vuelve a serlo, pero en 2015 los refugiados, sobre todo sirios, cruzaban desde Turquía a las islas griegas, una travesía más segura. Con el acuerdo de la UE, además de obtener facilidades en la obtención de visados para los ciudadanos turcos y grandes cantidades de dinero, se ha visto reimpulsado el proceso de adhesión de Turquía al bloque comunitario. Lo cierto, es que el acuerdo con la UE ha logrado frenar el flujo de refugiados y la Comisión Europea (CE) siempre ha defendido el acuerdo como la única solución.

En Turquía, Erdogan y el AKP libran una guerra contra la prensa crítica. Han tomado varios medios y se ha llegado a encarcelar a periodistas por publicar exclusivas que afectan al Gobierno y son muchos los reporteros que hay entre rejas.

Además, cualquier insulto al presidente también es delito. Hasta una Miss Turquía ha sido juzgada por ello y condenada un año de cárcel. El presidente ha llegado a querellarse contra un humorista alemán que le llamó “follacabras” en un poema satírico y ha tenido otros rifirrafes con Alemania, su aliado, por el reconocimiento del Bundestag del genocidio armenio, aunque luego bajó el tono.

En 2013 el país vivió una serie de protestas sociales que fueron reprimidas en el parque Gezi y la Plaza Taksim de Estambul.

Las Fuerzas Armadas de Turquía son el segundo mayor ejército de la OTAN y desde principios del siglo XX ha ejercido mucha influencia sobre el poder civil. Por tradición, el Ejército es una pieza clave en el país porque, además de mantener el orden y garantizar la laicidad, vela por la integridad territorial.


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