Desde la definición por parte de Naciones Unidas de la agenda y Objetivos para el Desarrollo Sostenible, Gobiernos, sector civil, empresas y por su puesto la academia, han definido políticas y estrategias para encaminar a la sociedad hacia un futuro que garantice el bienestar de quienes están y de quienes aún no han llegado.

Las universidades han cobrado un papel protagonista ante este enorme reto y por eso entienden la sostenibilidad, en sus tres dimensiones -social, ambiental y económico- como parte de su estrategia para modificar el modelo de desarrollo dominante, incluyendo programas de educación ambiental y estableciendo indicadores que permitan el seguimiento para evaluar las consecución de los 17 objetivos de desarrollo sostenible -ODS, así como la actuación conjunta y coordinada para alcanzar objetivos concretos para que haya un cambio de mentalidad real y tangible.

En el caso de la Universidad del Rosario, la segunda más sostenible del país, de acuerdo con el ranking UI Greenmetric World University, ha ubicado sus objetivos estratégicos de sostenibilidad en la agenda 2030 y ha puesto en marcha, desde el año 2012, un sistema de gestión ambiental, el cual trabaja en seis frentes, energía, aire, flora y fauna, agua, residuos y educación ambiental, los cuales contemplan variables no solo ambientales, sino también sociales y económicas.

De acuerdo con Andrea Díaz, Coordinadora de Sostenibilidad, “el compromiso de la universidad en materia de educación es hacer entender a la comunidad el concepto de desarrollo sostenible y que no solo redunde en la práctica de su disciplina, sino en su cotidianidad como ser humano para que logre permear otros entornos y transformar los comportamientos”.

Actualmente, la Universidad del Rosario invierte en investigación más de USD 800.000 anuales en estudios relacionados con sostenibilidad y cuenta, desde el área de docencia, con cerca de 500 créditos en asignaturas que abordan el tema medioambiental y de desarrollo sostenible. Así mismo, realiza sinergias con varias facultades para construir programas que incluyen esta problemática; es el caso de la especialización y maestría en derecho ambiental de la Facultad de Jurisprudencia, el programa de Gestión y Desarrollo Urbano de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos, y el programa de Biología de la Facultad de Ciencias Naturales, con los cuales se han realizado acciones que buscan incidir en cambios, por ejemplo en políticas públicas, que promuevan prácticas que reduzcan impactos en el medio ambiente, protejan la fauna y la flora, promueven el ahorro de agua, protejan la biodiversidad, entre otros.

Además, desde la coordinación, se impulsan proyectos de infraestructura, que son motores de aprendizaje a nivel práctico en sí mismos, para que la vida en el campus sea un pilar de educación ambiental y de sostenibilidad que permita cambiar hábitos de consumo y concientizar a los ciudadanos de los impactos de sus actividades profesionales y personales, “la universidad egresa múltiples líderes en diversos ámbitos por lo que el potencial de incidencia es enorme”, explica Diaz.

¿Qué se busca con una educación sostenible, mediante la práctica?

Enfocados en la infraestructura, como vida en el campus mediante el cual se aprende en la práctica, la universidad promueve la generación de cambios en las actividades diarias de su comunidad, incluso dentro de la nueva normalidad que trajo la pandemia del covid-19.

Un ejemplo de esto es la instalación de grifería de pedal en todo el campus, lo que permite el lavado habitual de manos, con un ahorro de agua de hasta el 35%.

Bajo esta premisa los proyectos trazados no solo inciden en la mejora de la calidad de vida de la comunidad universitaria, sino que realmente pretenden intervenir los espacios bajo un enfoque sistémico, entendiendo que en una universidad las investigaciones y aprendizajes no solo surgen en las aulas sino también en los espacios de encuentro de la comunidad. Por eso es muy importante reflejar en las obras de infraestructura, las propuestas de innovación pedagógica y de esta forma legitimar el discurso impartido en las aulas de clase por medio de acciones que permitan concientizar la comunidad y su entorno.