El día en que la CIA robó una nave de la URSS para ganar la carrera espacial

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La sonda Lunik 3 realizó las primeras fotografías de la cara oculta de la Luna

El triunfo de la Revolución de Octubre marcó un hito en la historia mundial, no sólo por tratarse de la primera revolución socialista que se hizo del poder en la historia de la humanidad, sino porque por única vez desde el ascenso del capitalismo, un sistema de organización social compitió con él mostrando que había una alternativa distinta a la forma de vida que se posicionó como única en los siglos anteriores.

Esta competencia se agudizó al término de la Segunda Guerra Mundial a partir del reparto del mundo en ambos bandos. Entonces inició un frenético choque de baja intensidad enfocado en demostrar la supremacía de un sistema social por encima de otro.

La propaganda, el espionaje, la paranoia y un temor constante al inicio de un conflicto armado de escala global –especialmente en Estados Unidos–, marcaron una época que se prolongó durante la segunda mitad del siglo XX, hasta la caída del Muro de Berlín.

Entre un sinfín de manifestaciones, la carrera espacial fue la más vistosa e impresionante muestra del poderío de cada nación. Además de ser un paso agigantado en las aspiraciones humanas por conquistar el espacio, también funcionó como un indicativo de la calidad de vida, el progreso de la tecnología, el desarrollo de la ciencia y sobre todo, la capacidad organizacional para generar riqueza y la técnica suficiente como para hacer realidad lo que hasta entonces pertenecía solamente al terreno de la ciencia ficción.

Estamos a fines de los 50, y la Unión Soviética otra vez daba el golpe de gracia. Esta vez lanzaba la sonda Luna 3, que se caracterizaba por ser la primera en poseer un sistema que permitía capturar imágenes.

La Unión Soviética inició un ambicioso plan de investigación, desarrollo y exploración espacial a mitad del siglo XX, que en menos de una década (1957) puso en órbita el primer satélite artificial jamás lanzado al espacio, el Sputnik 1, para continuar con el primer hombre en el espacio y distintas sondas planetarias con parcial éxito en Venus y Marte.

El éxito del Sputnik no sólo fue una demostración contundente del progreso técnico en una sociedad donde los medios de producción, los saberes y la técnica se comparten con un fin social es mayor que cuando se deja en manos de medios privados. También significó un golpe a la cultura, ideología y el orgullo norteamericano por el libre mercado.

El triunfo de la URSS caló hondo en las ambiciones estadounidenses, y tanto el presidente John F. Kennedy como el vicepresidente Lyndon B. Johnson, se comprometieron con la misión de alcanzar a los soviéticos y ponerse al frente de la carrera espacial antes del inicio de la década de los setenta.

Sin embargo, el desarrollo tecnológico estadounidense se encontraba en un estadio más atrasado que su contraparte soviética. En realidad, los Estados Unidos aún no contaban con los avances científicos suficientes como para asegurar el éxito de una misión en órbita, por lo que se concentraron en el siguiente gran objetivo, la Luna. Las declaraciones del mismo Kennedy sobre el papel de la NASA a mitad de siglo fueron contundentes:

“Todas nuestras actividades deberían estar enfocadas en llegar a la Luna antes que los rusos, de otra manera no deberíamos gastar todo ese dinero, porque no estoy interesado en el espacio… La única justificación es que esperamos ganar a la URSS para demostrar que en lugar de estar por detrás de ellos un par de años, gracias a Dios, les hemos adelantado”.

La CIA, agencia que jugó un papel preponderante en las estrategias de espionaje e inteligencia norteamericana en la Guerra Fría, pronto tuvo un plan más sencillo, barato y veloz para poner a los Estados Unidos a competir por alcanzar el espacio con los rusos: el programa Lunik de la Unión Soviética experimentaba con su tercer prototipo y de nueva cuenta, la Agencia Espacial Rusa veía por el retrovisor como se alejaba cada vez más de la NASA en diseño y tecnología espacial.

La solución propuesta por la CIA era una locura, un plan que requería la participación de cientos de personas para cumplir con el objetivo. Según archivos desclasificados parcialmente, la Unión Soviética presentaba en una feria de un país no especificado algunos de sus avances industriales y tecnológicos, como la energía nuclear, desarrollos médicos y por supuesto, logros espaciales.

Entre todo lo que se presentaba estaba un prototipo del Lunik 3, el cohete que más tarde sería el primero en fotografiar la cara oculta de la Luna. Los norteamericanos prepararon el terreno para su plan y el servicio de inteligencia obtuvo datos del transporte, la ubicación y logística de su contraparte rusa en la feria internacional.

Después de sobornar a distintos granjeros, rentar terrenos y granjas y contratar a maquinistas de tren, descubrieron la ruta que habría de seguir el flamante Lunik 3.

Un equipo de más de cincuenta personas trabajaba encubierto en la zona y durante la madrugada, tomaron control del camión donde se dirigía la sonda espacial para su viaje en tren. Con un agente manejando el convoy, los espías dirigieron el camión a un depósito de basura que tenían resguardado para la ocasión. Cuidadosamente, retiraron toda la protección sobre el Lunik y comenzaron a tomar fotografías de cada ángulo de la sonda, buscando sobre las partes plegables y conductos que dieran pistas sobre la tecnología aplicada en la invención.

Los agentes actuaron velozmente y cerca de las cuatro de la mañana, cubrieron con sumo cuidado el Lunik en su envoltura original. Una hora después, la sonda espacial recibía los rayos del sol sana y salva, en el sitio original donde debió haber pasado la noche para seguir en tren al día siguiente.

Los rusos nunca sospecharon sobre el riesgoso plan de la CIA y mucho menos imaginaron que la mejor forma de los Estados Unidos para competir contra su tecnología estaba en robar información para sus futuros trabajos. Las fotografías llegaron a manos de la NASA y más que ayudar a imitar los propulsores soviéticos, funcionó para descubrir los límites de los desarrollos en ingeniería aeroespacial de la década.

Una década más tarde, Estados Unidos ganaría la carrera lunar con el programa Apolo y pasaría a la historia como la primera y única nación en llevar sanos y salvos a seres humanos a la Luna; sin embargo, la acción de espionaje e inteligencia que llevaron a cabo con el Lunik 3 es un fiel reflejo del extremo absurdo en que ambos países cayeron durante la Guerra Fría.

Por: Alejandro López

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