En consecuencia, las preferencias de los inversionistas se inclinaron otra vez hacia los activos más riesgosos, como las acciones. Por este motivo, el Dow Jones y el Nasdaq ascendieron de nuevo a máximos históricos, mientras que el S&P 500 quedó muy cerca de su propio record. La mayor demanda por acciones llegó también a las bolsas europeas, por lo cual algunos de sus índices obtuvieron incrementos moderados.

El mayor optimismo, junto con las declaraciones del presidente de la Reserva Federal de Filadelfia, en los Estados Unidos, en las que afirmó que no descarta que en la reunión de marzo del comité de operaciones de mercado abierto se puede elevar la meta de la tasa de interés sobre los fondos federales, fortalecieron el dólar frente a la mayoría de las monedas alrededor del mundo.

La mayor confianza de los inversionistas no fue suficiente para mantener su interés por los activos en las economías emergentes, por lo cual los índices de algunas de sus principales bolsas sufrieron pequeños retrocesos, motivados en algunos casos por dos días consecutivos de descenso en el precio del petróleo y de otras materias primas.

En el caso del Brent, el precio (US$54,86 por barril) se redujo 1,5% diario por los pronósticos de mayores inventarios de crudo en Estados Unidos.

El fortalecimiento internacional del dólar, el menor apetito por los activos de las economías emergentes, las perspectivas de mayores tasas de interés en los Estados Unidos en marzo y el menor precio del petróleo contribuyeron a depreciar el peso, junto con la mayoría de las monedas latinoamericanas. En consecuencia, el dólar se tranzó en promedio a $2.867,82 en el mercado interbancario colombiano, lo cual significó una depreciación diaria de 0,5% (o $13,6) de la moneda nacional.