El etarra que enseñó a Pablo Escobar el funcionamiento de un coche bomba

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En América Latina conocen de sobra a Pablo Escobar, ya que el colombiano ha sido el mayor narcotraficante de la historia del continente. En Europa lo han ido conociendo más en los últimos años, sobre todo tras las series, documentales y películas que han surgido en torno a la figura del capo que no solo revolucionó el mundo del tráfico de cocaína, también instauró un narcoterrorismo nunca visto en el país por su brutalidad y, además, por su nivel de tecnificación.

Sin embargo, hay una parte de la intensa historia de Pablo Escobar que en España es menos conocida, y es la de su relación con el grupo terrorista ETA. Hasta 1983, el terrorismo de Pablo Escobar se basaba en tiroteos a cara descubierta o en pequeñas bombas. A partir de ese año, Escobar acabó fichando a una persona que enseñó a sus hombres a fabricar la tecnología de los coches bomba y a instaurar un terrorismo verdaderamente atroz.

La tecnología tenía un precio: 500.000 dólares

Esa persona era nada menos que un miembro de ETA, a quien los sicarios de Escobar apodan Miguel o Miguelito, según la versión. Los testimonios sobre su persona son escasos y en ocasiones contradictorios, pero gran parte de lo que se sabe procede de John Jairo Velásquez, ‘Popeye’, uno de los sicarios más cercanos y de mayor confianza de Pablo Escobar dentro del cártel de Medellín.

El propio Popeye muestra versiones algo alteradas de una entrevista a otra, pero ofrece algunos puntos clave. Según él, el primer contacto con Miguelito no lo establece nadie del cártel de Medellín, precisamente, sino Jorge Luis Ochoa, uno de los capos del cártel de Cali, que mantuvo una relación de alianza estratégica con el cártel de Medellín hasta que las cosas se torcieron.

En 1984, Ochoa permanecía en busca y captura en Colombia, con lo que huyó a España para refugiarse. Pero fue localizado, capturado y encarcelado en el centro penitenciario de Carabanchel. Allí conoció a Miguelito, que permanecía preso en una de las épocas más activas del terrorismo de ETA en España.

Dos años después, en 1986, Miguelito ya estaba fuera de la cárcel y Ochoa fue extraditado a Colombia. Pero no se fue solo: “Trae un regalo para Pablo Escobar. No le trae un reloj Cartier, no le trae un diamante, no le trae a una reina de belleza, no le trae un caballo; le trae al padre del terrorismo en Colombia: un terrorista de ETA. Ese día, Pablo Escobar tiene una erección de la felicidad que le dio, porque Escobar era una mente criminal”, asegura Popeye en varias entrevistas.

¿Por qué era Miguelito tan importante? “Él tenía la tecnología para hacer coches bomba a control remoto. Le vendió esta técnica a Pablo Escobar por medio millón de dólares y nos enseñó a montar coches bomba”.

Sin embargo, Miguelito “también le vendió la tecnología al cártel de Cali”, que en su momento pasó de ser un aliado estratégico de Pablo Escobar a ser su mayor enemigo. De hecho, “la bomba que le colocan [en enero de 1986] al edificio Mónaco, donde está la familia de Pablo Escobar, la armó Miguelito en Cali. Y esto le costó la vida: nosotros lo matamos”.

Pero esta tecnología no solo fue aplicada a los coches: las investigaciones siempre apuntaron a que Miguelito también fue el cerebro que el 26 de noviembre de 1989 montó la bomba que Pablo Escobar hizo detonar en el vuelo 203 de Avianca, un atentado dirigido contra el político César Gaviria, que por aquel entonces era candidato a la presidencia de Colombia.

Gaviria fue advertido de los posibles riesgos y no llegó a subirse a dicho avión, pero el atentado provocó la muerte de 110 personas de la tripulación.

De la pólvora negra a la tecnología punta

Tras la llegada de Miguelito todo cambió: los sicarios de Escobar ya no usarían automóviles a todas luces sospechosos ni recurrirían a conductores callejeros. Y, por supuesto, tampoco moriría ninguno de sus hombres, ya que la bomba detonaría por control remoto.

Por aquel entonces, este desarrollo era el más puntero utilizado en actos terroristas. Las cargas, que podían oscilar entre los 50 y los 300 kilos, solían ir situadas en el maletero del coche y, si fuera necesario, también entre los asientos, todo ello resguardado con sacos de arena. La carga básica consistía en un contenedor (normalmente una olla) que en su interior albergaba la dinamita o explosivo plástico, y la metralla metálica que, junto a la propia olla, ayudaba a aumentar el impacto de la explosión.

Una vez preparado todo, los sicarios de Escobar ya no optaban por coches destartalados, sino por automóviles en muy buenas condiciones que pudieran ser aparcados frente al objetivo sin levantar ningún tipo de sospecha y sin que, a primera vista, los explosivos pudieran ser detectados. Una vez fuera de sospecha, los hombres de Escobar solo tenían que esperar el momento acordado para, desde la distancia, activar el detonador y provocar la explosión.

En total, y según las cifras estimadas de Popeye, en aquellos años los hombres de Escobar llegaron a diseñar más de 250 coches bomba y a provocar la muerte de más de 500 personas, la mayoría de ellas civiles.

La pregunta del millón: ¿quién era Miguelito?

En este punto, las versiones bailan. Popeye es quien siempre ha proporcionado más información sobre este asunto, pero también es cierto que varios detalles de sus versiones han ido cambiando y contradiciéndose con la sucesión de entrevistas, con lo que sus palabras merecen ser escuchadas, aunque con cierta cautela.

Roberto Escobar, el hermano de Pablo, ofrece algunos detalles adicionales, aunque tampoco concluyentes ni definitivos. Según él, Miguelito no fue asesinado tras diseñar una bomba del cártel de Cali contra Pablo Escobar, sino que, de hecho, eso fue lo que provocó que Escobar lo contratase. En cualquier caso, Roberto Escobar cree que el tal Miguelito quizá no fuera una sola persona, sino dos etarras.

Dos sospechosos: Oyarbide y Urionabarrenetxea

Esta versión concuerda algo más con ciertos datos que atesora la DIA (la Agencia de Inteligencia de Defensa de Estados Unidos), que en su momento fue uno de los mayores obstáculos de Pablo Escobar incluso dentro de Colombia. En varios informes, la DIA señala a dos etarras, Juan María Oyarbide y Manu Urionabarrenetxea, como posibles colaboradores de Pablo Escobar, aunque no ofrece demasiados detalles sobre dicha colaboración.

En su momento, ‘El Diario Vasco’ también intentó indagar sobre Miguelito, pero sin resultados concluyentes: según el diario, Oyarbide y Urionabarrenetxea eran etarras muy activos del comando Álava en las fechas de su supuesta colaboración con Escobar, con lo que consideran complicado que pudieran haber viajado a Colombia con asiduidad.

Así las cosas, la identidad de Miguelito sigue siendo una incógnita: los datos no parecen suficientes y las versiones, en ciertos momentos, llegan a ser contradictorias. Solo hay una cosa clara: en el ascenso de Pablo Escobar de la delincuencia armada al narcoterrorismo a gran escala, la tecnificación de sus acciones jugó un papel fundamental. Y la ayuda le llegó de un solo lugar: el entorno de la banda terrorista ETA.

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