Originario de Nueva Caledonia, un archipiélago tropical en el Suroeste del Océano Pacífico, el pino de Cook (Araucaria columnaris) puede verse hoy en distintas partes del mundo.
Esta especie de conífera de aspecto estrecho y alargado puede alcanzar hasta 60 metros de altura.
Pero no es su delgadez lo que distingue a este árbol, sino la curiosa inclinación de su tronco.

Científicos ya habían documentado que el pino de Cook se inclina en un ángulo particular de 8,55º.

Y, ahora, descubrieron que la dirección de la inclinación está determinada según el hemisferio en que se encuentran: los árboles del hemisferio norte se inclinan hacia el sur, mientras que los del hemisferio sur lo hacen hacia el norte.

El descubrimiento se produjo por azar cuando el investigador Matt Ritter de la Universidad Politécnica del Estado de California, en Estados Unidos, estaba escribiendo una breve descripción del árbol para un libro.

Cuando Ritter llamó a uno de sus colegas en Australia para confirmar si los árboles se torcían de la misma forma, le informaron que lo hacían en la dirección contraria.

“Esto nos hizo pensar en la posibilidad de que el árbol se inclinase hacia el Ecuador, donde sea que creciera”, señaló Ritter.

Caso único

Ritter y sus colegas estudiaron luego el comportamiento de más de 250 pinos de Cook en 18 sitios, en 5 continentes, y a diferentes latitudes.

Tras comparar los distintos especímenes notaron que en promedio, el ángulo de inclinación es de 8,55º.

Y, cuanto más alejados del Ecuador se encuentran, mayor es el ángulo. Uno de los árboles estudiados en Australia, por ejemplo, mostró una inclinación de 40º.

Si bien es cierto que muchos árboles suelen inclinarse durante su desarrollo hacia donde está el Sol, al madurar, corrigen esta asimetría.

Pero además, según le dijo a la revista New Scientist Steven Warren, investigador del Servicio Forestal de EE.UU., quien no está vinculado al estudio, aunque algunas plantas también lo hacen, “ésta es la primera vez que lo escucho de un árbol”.

De acuerdo a los investigadores, es probable que el origen de este comportamiento en el pino de Cook esté en la genética del árbol o que se trate de una adaptación para aprovechar al máximo la luz solar en latitudes más elevadas.

Los científicos señalan que hace falta más investigación para determinar la causa y creen que analizar en mayor profundidad el comportamiento de esta especie puede contribuir a descubrir los mecanismos que usan las plantas para responder a los estímulos ambientales, de los que se sabe muy poco.

El estudio fue publicado en la revista Ecology.


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