La joya testimonial documenta que Pedro de Ludeña, Gobernador y Capitán General de Cartagena de Indias, fue muy buen amigo de Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), autor de El Quijote.

El nuevo documento de suma importancia, del 16 de enero de 1586, para la biografía documentada de «El príncipe de los ingenios españoles» trata de la ceremonia de velaciones del autor de Las novelas ejemplares (1613) con la hidalga esquiviana Catalina de Salazar y Vozmediano. Esta joya testimonial, descubierta por el madrileño Emilio Maganto Pavón, ex profesor de la Universidad de Alcalá de Henares, fue puesta en letras de molde en su excelente artículo: «La ceremonia de velaciones de Miguel de Cervantes y Catalina de Salazar (Iglesia de San Martín de Madrid, 16-1-1586)» en 1992.

La misa «prosponso et sponsa» fue efectuada por el licenciado Gabriel Álvarez, teniente cura de la iglesia parroquial de San Martín de Madrid. Los padrinos de velación fueron el almagreño Pedro de Lodeña o Ludeña, hijo de Diego de Lodeña, Comendador de Mirabel de la Orden de Santiago, y de Leonor de Ribera, y Magdalena Pimentel de Sotomayor, la más querida hermana e íntima confidente de los secretos del «Regocijo de las Musas». Los testigos de la celebridad fueron los amigos muy poderosos de Cervantes, a saber, Juan Delgado, Secretario del Consejo de Guerra y miembro del Consejo de Hacienda y Consejero de Indias, quien firmó cartas de pago de 100 ducados, para que Miguel fuera como espía de «Friedensfürst» (1527-1598) a los presidios de Mostagán y Orán el 21 de mayo de 1581, el militar Cristóbal de Peña (y Chaves), encomendero en el Perú, el capitán y poeta sevillano Pedro de Montes de Oca (¿-1609), corregidor de Huánuco, elogiado en La Galatea (1585), como «un nuevo Homero», y en el Viaje al Parnaso (1614): «desde el indio apartado del remoto mundo llegó mi amigo Montesdoca y el que anudó de Arauco el nudo roto», el alférez Rodrigo de Cervantes, héroe del combate naval de Terceira el 26 de julio de 1582, hermano menor del héroe de Argel, y el madrileño Francisco de Laguna, Portero de Cámara Real.

Este testimonio verifica la amistad del Manco de Lepanto con Pedro de Ludeña, quien sirvió como capitán de Caballos a Felipe II durante la rebeldía en las Alpujarras, y fue Gobernador y Capitán General de Cartagena de Indias (1586-1593), Maestre de campo de Infantería en el Ferrol antes de 1599, y Corregidor de la villa del Potosí (1602-1607). Tras su nombramiento el 30 de agosto de 1585 en Monzón, Pedro llegó a La Meca de Colombia el 18 de julio de 1586, acompañado por el Maestre de campo Juan de Tejada (¿-1610), Gobernador y Capitán General de Cuba (1589-1594), el capitán general de la Flota de los Galeones Álvaro Flórez de Quiñones (1549-1591), quien con 17 galeones, 4 pataches y 3.000 hombres tenía que enfrentarse al pirata inglés Francis Drake (1540-1596), vicealmirante de la Marina Real inglesa, y el ingeniero militar italiano Bautista Antonelli (1547-1616), constructor de Fuerte en la Punta de los Icacos.

El 21 de mayo de 1590 cuando Cervantes pidió a «El Prudente» la vacante del contador de las galeras de La Llave de las Indias, que comprendía los territorios de los actuales departamentos colombianos de Atlántico, Bolívar, Córdoba y Sucre, el gobernador de La Ciudad Amurallada fue su amigo Pedro, y obviamente, a mi parecer, su solicitud no fue una coincidencia, empero fue rechazada el 6 de junio del mismo año, entre otros, por el consejero Diego Gasca de Salazar, Presidente de la Casa de la Contratación de Sevilla (1579-1581).

Pese a ello, algunos eruditos divulgan que Miguel, uno de los comisarios regios más fieles, honestos y leales de Felipe II no tuvo ninguna preparación para llegar a ser contador de las galeras de España en la Reina de las Indias. Esa no es la verdad en absoluto porque basándome en la documentación fiable, Cervantes tenía la experiencia laboral de más de 3 años, desde el 13 de abril de 1587, siendo comisario real de abastos de su Católica Majestad para la provisión de la Grande y Felicísima Armada, de las Galeras de España, y de las Flotas de las Indias. Durante este tiempo, trabajaba, inter alia, para Antonio de Guevara, Proveedor General del Consejo de Hacienda y Proveedor General de las Armadas y Flotas de Indias, colaboraba con Agustín de Oviedo, Teniente de Proveedor General de las Galeras y Armadas de España, Agustín de Cetina, Contador y pagador de provisiones, Jerónimo Maldonado, Tenedor de bastimentos y municiones, y el licenciado Diego de Valdivia, alcalde del Crimen de la Real Audiencia de Sevilla y Juez del Rey Nuestro Señor y de sus Reales Armadas y Fronteras. Aún, otorgaba, verbi gratia, el aprovisionamiento para los galeones de Su Majestad del cargo del Capitán General de la Carrera de Indias, Diego Flores de Valdés (1530-1595).

Tampoco hay que olvidar las cartas de recomendación de don Juan de Austria (1545-1578), y del III duque de Sesa (1520/21-1578) para Felipe II, así como otras cartas halagüeñas, example gratia, del Maestre de campo Diego Enríquez de Castañeda y Manrique (1535-1601), de Tercio Viejo de Sicilia, y del Presidente del reino de Sicilia, Carlos de Aragón y Tagliavia (1530-1599), virrey de Sicilia, para levantar una compañía de Infantería como capitán en España, incluso la medalla conmemorativa de la «Batalla de Lepanto», grabada por el italiano Gian Federico Bonzagni (1507-1588) y decretada por el Papa Pío V (1504-1572) en 1571, y otras dos medallas conmemorativas, ordenadas por Don Juan de Austria, la primera de la «Batalla de Lepanto», y la segunda de la «Conquista de Túnez en 1574».

Por último, en mi artículo, intitulado: «Miguel de Cervantes Saavedra quiso emigrar dos veces a América Latina» (eHumanista, 2013), hago hincapié en que el genio de la literatura universal quedó muy decepcionado tras haber recibido la respuesta negativa, y su desencanto, dolor, y menosprecio expresó así: «otros cosechan, importunan, solicitan, madrugan, ruegan, porfían, y no alcanzan lo que pretenden; y llega otro, y sin saber cómo ni cómo no, se halla con el cargo y oficio que otros pretendieron; y aquí entra y encaja bien el decir que hay buena y mala fortuna en las pretensiones» (El Quijote, II-XLII). ¡Enhorabuena!

«Laus in Excelsis Deo»

Por: Prof. Dr. Krzysztof Sliwa
Universidad del Atlántico