Acaso sea una falta de respeto por nuestros antecesores en la profesión o, sencillamente, un síntoma de envejecimiento prematuro, pero existe la sensación entre quienes ejercemos el periodismo hoy -una sensación extendida, no siempre verbalizada- de que los tiempos en materia de evolución de la información, desarrollo tecnológico y dilemas éticos se aceleran de un modo incontrolable. Y frente a semejante escenario, una de las pocas cosas que quedan por hacer para dejar atrás cierta tentadora actitud contemplativa es, curiosamente, detenerse a pensar. Si el ejercicio del periodismo consiste al mismo tiempo en observar, ponderar, comparar, informar y formar, intentar entender en qué marco se están desarrollando estas actividades en la Colombia de hoy es una tarea a un tiempo fascinante e imprescindible.

A la prensa escrita la interpelan nuevos desafíos. Y a la prensa radial, desafíos aún mayores, mezcla de dilemas tradicionales y de aventuras nuevas y de final impredecible. Editar una sección de una emisora o un diario Colombiano hoy implica atender e interpretar escenarios más o menos históricos y, a la vez, afrontar el desafío. Los grandes diarios y emisoras Colombianas asisten hoy a la modificación, al menos parcial, de ese escenario. Y si se la evalúa como parcial es porque, al menos hasta ahora, no se conocen estudios concretos de cómo cambió en los últimos años la construcción de la noticia y su evolución a lo largo del día. Ni de cómo mutaron las demandas del consumidor de información. Ni de cuánto se modificó un eventual ranking de credibilidad de los medios. Existen pocas actividades en las que lo intuitivo, materializado en la presunción de saber qué le interesa a la gente, tenga un lugar tan preponderante como en el periodismo. Y en ese sentido, teorizar respecto de cambios, influencias y hábitos de la opinión pública puede resultar una audacia teórica o una temeridad.

Quedan pocas dudas, sin embargo, acerca de que la tarea de pensar un medio escrito o radial de alcance nacional conlleva la obligación de atender, a la vez, a lo que se supone que esperan los lectores y oyentes, a lo que estará haciendo la competencia, a las expectativas de la propia empresa y a lo que producen, durante todo ese proceso, los medios electrónicos. Podría resumirse, entonces, el nuevo desafío en dotar al medio escrito y radial de credibilidad -o mantenerlo, en aquellos que la lograron ejerciendo el mejor periodismo posible, consolidando mientras tanto el lugar de la prensa escrita y radial en términos de generación de temas novedosos e interesantes, de análisis, de investigación y de narración de historias originales y bien contadas.

Es cierto: suena a declaración de principios no siempre realizables. La responsabilidad de edición de un área temática determinada en un diario o emisora de alcance nacional supone entender no sólo la existencia de un nuevo “mapa” de medios en el que se entrecruzan los gráficos, la radio, la televisión e Internet. Implica además formar parte de una empresa grande en la que al menos tres paradigmas se entrecruzan y signan buena parte de la actividad cotidiana: el criterio siempre discutible de lo que resulta de interés para el lector y oyente; los parámetros de rentabilidad que toda empresa -periodística o no- maneja y que tiene una relación no del todo precisa pero innegable con el producto que se elabora; y la calidad de ese producto, medida con los criterios tradicionales y también por su adaptabilidad a nuevas miradas y tendencias del periodismo moderno. En ese marco, la tarea del periodista combina hoy elementos del ejercicio tradicional de la profesión -respeto por la verdad y por las fuentes, “olfato”, criterios de evaluación de la noticia, creatividad, buena redacción- con otros más novedosos o vinculados con el contexto en el que le toca desempeñarse.

Ante la poca recomendable perspectiva de sacar conclusiones arbitrarias y de indicar caminos de una sola vía, no sería mala idea plantearse un retorno a las fuentes ante el desafío de abordar esta profesión en tiempos de cambios tan vertiginosos: empezar por ejercer el periodismo del modo más serio y responsable posible. El lenguaje, las fuentes, al oyente y al lector hay que respetarlos.

Por: William Hundelhausen Carretero
Presidente Nacional APIC

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