En una visita del Papa Francisco a Brasil, entre tantas preguntas (a veces necias y malintencionadas) de los periodistas, se le cuestionó al pontífice, ¿si apoyaba la homosexualidad? Entonces, él respondió que, no deberíamos juzgarlos ni marginarlos y deberíamos integrarlos a la sociedad. Eso sí, el Papa agregó: «Si una persona es homosexual y busca a Dios y tiene buena fe, ¿quién soy yo para juzgarlo?».

Con esa actitud del papa, se nos recuerda el pasaje del Nuevo Testamento (S. Juan 8.1-11) de la mujer hallada en acto de adulterio, y que fue llevada ante Jesús para que la condenase moralmente. Pese a que Jesús no condenó a la mujer, sí le hizo la fuerte advertencia de que en adelante no pecara más (pues eso supone su adulterio).

La posición actual del Catecismo, respecto a la homosexualidad, en el numeral 2358 expresa: «Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.»

En la conformación del Catecismo, se infiltraron las tendencias seductoras del Lobby gay, por eso la frase “tendencias homosexuales instintivas”, puede dar pie para justificar la homosexualidad como una condición tan instintiva como la de los animales, lo cual la eximiría de un acto pecaminoso.

Sin embargo, la homosexualidad es una condición inmoral que además implica un acto contra natura (por cierto antibiológico en la mayoría de especies) y sin potencialidad de procreación, de allí que tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, la actitud de la homosexualidad es condenable.

Retomando, el tema del Lobby gay (que en realidad es un Opus Gay u obra de las tinieblas), se ha de explicar que es un grupo de presión (conformado por prelados y laicos homosexuales), ante el Magisterio de la Iglesia que intenta que el homosexualismo deje de ser víctima de inquisición moral.

También, en el seno Vaticano está un grupo antagónico a la homosexualidad llamado Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, que incluso fue dirigido por el papa emérito Benedicto XVI.

Pero lo cierto es que, la doctrina bíblica es clara: «Dios creó el hombre a imagen suya… hombre y mujer los creó” (Gn 1, 27). “Creced y multiplicaos” (Gn 1, 28); “el día en que Dios creó al hombre, le hizo a imagen de Dios. Los creó varón y hembra, los bendijo, y los llamó “Hombre” en el día de su creación” (Gn 5, 1- 2).»

Aunque parezca contradictorio, el mismo Catecismo en su numeral 2333 indica: «Corresponde a cada uno, hombre y mujer, reconocer y aceptar su identidad sexual. La diferencia y la complementariedad físicas, morales y espirituales, están orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar. La armonía de la pareja humana y de la sociedad depende en parte de la manera en que son vividas entre los sexos la complementariedad, la necesidad y el apoyo mutuos.»

Respecto a la frase “identidad sexual” del numeral citado, eso implica que la identidad (en realidad) heterosexual en un asunto integral, o sea, emocional y somático.

El numeral 2335, dice: «Cada uno de los dos sexos es, con una dignidad igual, aunque de manera distinta, imagen del poder y de la ternura de Dios. La unión del hombre y de la mujer en el matrimonio es una manera de imitar en la carne la generosidad y la fecundidad del Creador: “El hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne (Gn 2, 24)». De esta unión proceden todas las generaciones humanas (Cf. Gn 4, 1- 2.25-26; 5, 1).

Entonces, pese que en la doctrina catequética se presentan lo que parecen ser contradicciones, a la luz bíblica el homosexualismo es una conducta, y no una inclinación instintiva, o meramente biológica. Entendido eso, pierde fundamento justificar esa forma de pecado, tanto a nivel de actitud mental, como de acto consumado en el cuerpo.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos