Hace varios años, se hizo un escándalo el hecho de que un obispo alemán católico se gastó más de 40 millones de dólares en su casa personal o más bien su palacete. Pero esa clase de hechos no son cosas nuevas, pues hay clérigos que poseen casas con altos valores millonarios. También en sus vacaciones, algunos curas se van a Miami u otros lugares, mientras tanto en muchas comunidades, hay demasiadas necesidades económicas.

Esos señores del clero no quieren seguir con fidelidad el voto de pobreza (realmente austeridad) contenido en el Código de Derecho Canónico (artículo C 282 – P1: “Los clérigos han de vivir con sencillez y abstenerse de todo aquello que parezca vanidad.”).

Entonces, con sus formas de vida materialistas imitan la actitud hipócrita de hombres de la antigüedad, que presumían de ser siervos de Dios pero en la práctica vivían entregados al lujo y a toda clase de placeres mundanos. Además, debemos entender que, la clase sacerdotal es la jerarquía superior, pero si la cabeza está mal, el resto del cuerpo está mal (pues en lo eclesial se deja de atender a las virtudes cardinales y teologales); por eso muchas veces nos quejamos de que el mundo cristiano camina mal.

Jesucristo mismo, sabedor de esta clase de actitudes humanas dijo: “mi reino no es de este mundo”. Además, bastantes veces tanto canónigos como laicos se preocupan en edificar y remozar templos materiales, pero lo que menos hacen es, edificar templos espirituales.

Es más, la misma Iglesia en todo el mundo, debiera establecer comisiones permanentes de control de los bienes temporales de los sacerdotes y obispos, conforme a las bases estipuladas en algunos documentos y decretos promulgados en el Concilio Vaticano II, y si éste no está adecuado a la realidad actual (tan materialista) entonces ya es momento de que el mismo Papa, convoque a un nuevo concilio vaticano para dictar materia doctrinal, con un sentido más estricto.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos