El mayor asesino en serie de Rusia podría haber matado a 81 mujeres

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El expolicía Mijaíl Popkov, condenado en 2015 a cadena perpetua por el asesinato de 22 mujeres, ha reconocido ahora haber matado a otras 59 mujeres entre 1992 y 2010 en una pequeña ciudad de Siberia, lo que le convertiría en el mayor asesino en serie de la historia moderna de Rusia.

Las autoridades rusas ya han presentado cargos contra Popkov por 47 de los 59 asesinatos confesados en prisión, tras hallar y exhumar los cadáveres de las víctimas, informó estos días un periódico de la región siberiana de Irkutsk.

Un tribunal de Irkutsk ha prorrogado el arresto del maníaco, que ya cumple cadena perpetua, la espera de que se celebre el nuevo juicio

El pasado 27 de diciembre, un tribunal de Irkutsk ha prorrogado el arresto del maníaco -que ya cumple cadena perpetua, la pena máxima que se aplica en Rusia-, a la espera de que se celebre el nuevo juicio.

Los investigadores han completado diversos peritajes forenses y han dado por probada la culpabilidad del asesino, que se ha denominado a sí mismo como “El Purgador”, al afirmar que sólo mataba a “mujeres de vida disipada”.

En el juicio celebrado en 2015 se demostró que este depredador -policía en activo hasta 1998- violó y mató al menos a 22 mujeres entre 1994 y 2000 en Angarsk, una localidad de poco más de 230.000 habitantes en la región siberiana de Irkutsk.

En un principio los investigadores creyeron que era correcto determinar el fin de sus ataques sexuales y asesinatos en 2000 porque aquel año se convirtió en “impotente” después de contraer una enfermedad venérea de una víctima, pero ahora se ha sabido que siguió matando hasta 2010.

En el año 2000 se quedó impotente tras contraer una enfermedad venérea de una víctima, pero siguió matando hasta 2010

Durante aquel proceso, Popkov explicó que recorría de noche las calles de la ciudad en un coche -muchas veces el oficial de la policía-, ofrecía a mujeres que se encontraba por el camino llevarlas a casa y luego sólo “castigaba” a aquellas que aceptaban tomarse una copa con él.

En octubre de 1998, según dijo entonces al tribunal, mató a dos amigas de 19 y 20 años a las que recogió cuando volvían a casa después de un concierto, en el que fue uno de los al menos cinco asesinatos dobles que perpetró durante sus cacerías.

Mientras conducía, “empecé a sentir asco hacia las chicas por su comportamiento despreocupado y quise castigarlas”, relató al detallar cómo apuñaló repetidas veces en la cabeza a una de las jóvenes, y cómo persiguió y mató a la otra, cuando intentaba huir.”Fue su culpa. Andaban borrachas por la calle en lugar de estar en casa con sus maridos e hijos”, llegó a decir Popkov .

Presumió ante sus compañeros de celda “haber matado a más gente que Andréi Chikatilo”, considerado hasta ahora el mayor asesino en serie en la historia de Rusia y la Unión Soviética, con 53 homicidios demostrados por la Justicia. De hecho, de confirmarse su declaración se convertiría en el tercer peor asesino en serie que se conoce.

Si, según lo esperado después de sus confesiones, el tribunal confirma que mató a 81, sólo dos asesinos en serie en el mundo, los colombianos Luis Garavito, que mató a 138 personas, y Pedro López, que acabó con 110.

Presumió ante sus compañeros de celda “haber matado a más gente que Andréi Chikatilo”, considerado hasta ahora el mayor asesino en serie en la historia de Rusia

Los cadáveres de casi todas las víctimas, con edades comprendidas entre los 17 y 38 años, fueron encontrados desfigurados y con señales de violación en cementerios, cunetas y zonas boscosas próximas a Angarsk, una ciudad industrial de Siberia Oriental.

Aunque al menos nueve mujeres fueron asesinadas con un hacha, Popkov, que en la actualidad tiene 49 años, llegó a utilizar todo tipo de objetos para quitarles la vida a sus víctimas, incluidos cuchillos, destornilladores, punzones, garrotas, bates de béisbol y tacos de billar, entre otros.

Años antes de que las autoridades dieran con el asesino en 2012, medios de comunicación que investigaban los crímenes revelaron que la mayoría de las mujeres asesinadas eran de estatura mediana (155-170 centímetros), corpulentas y estaban ebrias en el momento de su secuestro.

Las semejanza física de las víctimas y del “modus operandi” del asesino hizo pensar a la policía que se enfrentaban a un maniaco, pero no fue hasta hace cuatro años cuando los investigadores lograron dar con el monstruo, al que finalmente se identificó gracias a unas pruebas de ADN.

Un perfil psicológico filtrado a la prensa rusa mucho antes de que se encontrara al asesino acertó en muchos aspectos: la policía buscaba a un hombre de entre 30 y 35 años (en la época de los asesinatos), residente en Angarsk, que se llevaba a sus víctimas en un vehículo oficial y que podía trabajar en un cementerio.

Años después se supo que Popkov solía “salir de cacería” al volante de un todoterreno policial, al menos mientras no fue despedido de los órganos en 1998, y que en su tiempo libre se ganaba un extra como enterrador, oficio que ya había ejercido de adolescente en el cementerio en el que también trabajaba su padre.

Utilizó todo tipo de objetos para asesinar, incluidos cuchillos, hachas, destornilladores, punzones, garrotas, bates de béisbol y tacos de billar

Aunque su mujer, Elena, de 51 años, su hija Ekaterina, de 29, y sus amigos le definían como “un hombre pacífico, tranquilo y amable, que no haría daño ni a una mosca”, la comisión médica que lo examinó cuando era policía en activo observó “aspectos psicopáticos” en su personalidad, pero inexplicablemente le encontró apto para servir en las fuerzas de seguridad.

Su hija declaró inicialmente que no se creía nada de lo que decían de su padre.“Siempre me sentí una ‘niña de papá’. Durante 25 años estuvimos juntos, de la mano. Paseábamos, montábamos en bici, íbamos de tiendas y me me llevaba a la escuela. Yo quería ser un criminóloga, así que leí un libro con consejos sobre cómo capturar a los asesinos en serie y sus clasificaciones básicas. Papá no encaja en ninguna de estas clasificacione”, decía.

Al “Maníaco de Angarsk”, como le puso la prensa rusa, le gustaba cocinar, esquiar en compañía de su mujer y su hija y hacer bricolaje en casa, según los testimonios ofrecidos a la investigación por los amigos que frecuentaban la casa de los Popkov.

A nadie le sorprendía, dada su fama de “manitas”, que llevara en todo momento en cada uno de sus cuatro coches una caja de herramientas repleta de instrumentos que en realidad usaba para cometer los asesinatos.

Se cree que la ola de asesinatos comenzó tras sospechar, erróneamente, que su esposa le engañaba al encontrar dos condones usados en la basura de casa. De hecho, los anticonceptivos habían sido utilizados por unos huéspedes.

Los investigadores afirman que Popkov se arrepiente de sus asesinatos. ““No tenía derecho a juzgar a la gente, su comportamiento … este es mi arrepentimiento”, ha admitido. Preguntado sobre sobre si pudiera volver atrás, haría las cosas de forma diferente, dijo: “Todo debería de cambiar desde el principio. Directamente desde la escuela. Desde la infancia”. Su esposa y su hija han abandonado la ciudad para empezar una nueva vida lejos del asesino.

Se cree que la ola de asesinatos comenzó tras sospechar, erróneamente, que su esposa le engañaba