El multimillonario que ha donado el 99% de su fortuna para luchar contra la pobreza

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EmpresarioPuede parecer cualquier cosa excepto lo que es: una de las personas más ricas del planeta y, sobre todo, uno de los pocos miembros de ese selecto grupo dispuesto a erradicar la pobreza “con hechos”, como afirma categórico. Lo primero que sorprende de él es su humildad. Rápidamente soy invitado a dejar de lado el tratamiento de Mr. Bhargava y a utilizar su nombre de pila. Sonrío y me refiero a él como Manoj.

Que un multimillonario done el 99 por ciento de su riqueza (valorada en cuatro mil millones de dólares) para luchar contra la pobreza en el mundo es algo tan excepcional, que debería ser conocido por todos. Sin embargo, al contrario que Zuckerberg o Gates, que han hecho de la filantropía parte de su estrategia de marketing, Manoj parece más interesado en “hacer cosas”, en lugar de anuncios.

De hecho, cuando le pregunto si algún político de un país desarrollado ha mostrado interés en sus proyectos, responde con un deje de decepción. “Sorprendentemente, ni uno solo. Todas las personas que se han interesado no son ni ricas, ni poderosas. Son las personas que quieren ayudar”.

Esa falta de interés por los más desfavorecidos también se da entre la clase empresarial, como lo demuestra su respuesta cuando le pregunto si ha habido resistencia a la hora de introducir sus productos en el mercado. “La verdad es que no hemos encontrado mucha de momento, porque estamos creando productos para un mercado que no interesa a nadie (él utiliza el término “undeserved” en inglés, cuya traducción sería más bien “indigno”). Casi nadie quiere crear productos para los pobres, porque los pobres no tienen dinero”.

Un ejemplo que debe calar

Bhargava ha decidido dedicar la práctica totalidad de su fortuna y esfuerzos a acabar con la pobreza y las desigualdades. Pero, ¿qué podemos hacer los ciudadanos de a pie? “Si quieres cambiar el mundo, empieza por mirar lo que tienes (no solo el dinero, sino también tu tiempo, tus habilidades, tus fortalezas y tus debilidades) y luego mira a quienes tienen menos. Piensa qué necesitan y cómo puedes ayudarlos”.

Su ejemplo no parece calar tampoco en la clase de los hombres de negocios. Le pregunto si cree que otros harán lo mismo que él. “Yo no lo pondría en esos términos. Pero a los emprendedores que quieren hacer algo bueno por el mundo, simplemente les diría que hagan algo útil para quienes están sufriendo, para quienes tienen carencias o necesidades”. Aunque asegura que generar beneficios es también una opción válida, si el destino es el correcto. “Si no puedes hacer algo útil por ellos, simplemente dedícate a los negocios. Tener un negocio de éxito ya es suficientemente duro. Haz que lo tengas que hacer y después utiliza ese éxito para cambiar la realidad de los más necesitados”.

Tres líneas de acción

Manoj recorre el edificio en el que sus ingenieros trabajan para ayudar a que los más pobres puedan tener una vida digna. Le pido que me explique cuál cree que será el futuro de Billions in Change. “Nuestra meta final es la implementación generalizada de las soluciones que hemos desarrollado. Estas soluciones se basan en unos pocos elementos fundamentales que pueden marcar una enorme diferencia para miles de millones de personas en todo el globo: agua, energía y salud”.

Le pregunto si basta con hacer productos o hay que ir más allá. “Piensa en la mitad menos afortunada del mundo, por ejemplo”, explica. “Si les das acceso a agua limpia, multiplicas su nivel de ingresos. Lo mismo sucede con la electricidad”.

Asegura que sus soluciones en el futuro no serán solo para quienes carecen de bienes materiales. “Según los recursos se van haciendo más escasos y el clima sigue cambiando, serán necesarios nuevos enfoques en relación con la energía, el agua y la salud, tanto para ricos como para pobres”.

Para finalizar, nos contagia un poco de su entusiasmo y optimismo. “El futuro ideal de Billions in Change es la implementación a escala mundial de nuestros inventos para quienes los necesiten. Sabemos que es una labor ardua. De hecho, puede parecer imposible. Pero eso es lo que la hace tan divertida”.

Tres productos para cambiar el mundo

Manoj espera llevar a cabo esa tarea con tres productos como base. El primero es la “Free Electric Machine” (máquina de electricidad gratis), una bicicleta que genera 24 horas de energía eléctrica con solo dar pedales durante 60 minutos. “Sin facturas, sin emisiones y sin residuos”. Hoy en día, tres mil millones de personas viven sin electricidad, una de las principales causas de “pobreza, mala salud y baja calidad de vida”. Ya ha regalado las primeras unidades en India y el éxito ha sido total, “aunque tenemos que hacer algunos ajustes”, reconoce.

En el área de la salud, su solución es “Renew” (Renovación). Para explicarlo de forma simple, es una máquina que oprime el cuerpo para reducir el esfuerzo cardíaco y prevenir enfermedades como el infarto, la diabetes, la hipertensión, la demencia o el cáncer.

El tercero es el “Rain Maker” (algo así como el “hacedor de lluvia”), una máquina del tamaño de un coche pequeño capaz de generar miles de litros de agua potable por hora, a partir de agua del mar. “A diferencia de otros sistemas desalinizadores, este recicla su propia energía calorífica, lo que lo convierte en increíblemente limpio y eficiente”.

Una vida de película

La vida de Manoj da para hacer, no una película, sino varias. Nació en Lucknow (India) en 1953, y cuando tenía 14 años se mudó con su familia a Filadelfia (Estados Unidos). Reconocido como un genio de las matemáticas, tuvo acceso a una de las escuelas más prestigiosas, Hill School, y a la universidad de Princeton. Sin embargo, tras terminar el primer curso en la facultad, decidió dejar los estudios. Durante doce años, estuvo viviendo entre su país de origen y América, convertido en monje ashram.

Después de diferentes trabajos, algunos de ellos en la construcción, regresó a ayudar en el negocio familiar, una empresa de plástico que posteriormente vendió. En 2003 lanzó la bebida “5-hour Energy” (5 horas de energía) en un formato excepcionalmente pequeño: dos onzas, equivalente a unos 59 mililitros, lo que le valió el calificativo de chupito energético. El éxito comercial del producto lo convirtió en una de las personas más ricas del mundo. Ha mantenido esa obsesión por hacer las cosas más pequeñas y sencillas hasta la actualidad.

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