El 15 de marzo, 2011 en una entrevista exclusiva al periódico italiano “Il Giornale” el Coronel Gadafi proféticamente dijo “Si en lugar de un gobierno estable, que garantiza seguridad, toman el control las bandas afines a Bin Laden los africanos se moverán en masa hacia Europa y el Mediterráneo será un mar de cáos… La situación es grave para todo el Occidente y para todo el Mediterráneo: ¿Cómo es posible que los dirigentes europeos no entiendan?”.

Era el período de la “Primavera Árabe”, por varios países árabes se respiraba un aire “democratizador”. La coalición militar franco-inglesa, respaldada  por la OTAN, no titubeó y a las órdenes del presidente Sarkozy y del premier Cameron se lanzó la operación militar que culminó con la destitución de Gadafi y su sucesiva muerte.

Algo parecido ya había sucedido en Iraq con Saddam Hussein en 2006 y algo parecido está sucediendo en Siria, falta solo el derrocamiento o exilio del Presidente Bashar Assad. En ambos de estos dos casos una especie de guerra civil sobrevino junto con la muerte y el desplazamiento forzado de millones de civiles y la total destrucción de cada país.

Y por estos días, no solo vemos como un joven líbico radicalizado ha causado la muerte de niños y adultos en el Manchester Arena y como el Reino Unido vive en un estado de semi-emergencia, sino que bajo el mando político del premier Al Sarraj, de un lado, y del Gen. Haftar, del otro, Libia va por el mismo camino de Iraq y Siria; situación que nos lleva al tema de hoy: el “negocio” del flujo migratorio sur-norte que pasa por Libia.

Está claro que los migrantes subsaharianos que suben a Libia desde Senegal, Mali, Burkina Faso, Gambia, Nígeria etc. pueden hacerlo pagando a las varias mafias los “peajes” que sean necesarios. Luego, cuando llegan a la costa líbica, es posible que se les exija más dinero para cruzar el Mediterráneo y si por el celular logran conmover a sus familias para que les envíen dinero adicional pues obtienen el tiquete de paso, o se quedan en tierra.

Al aeropuerto internacional de Trípoli, capital de Libia, ahora llegan vuelos cotidianos desde Estambul; van cargados de migrantes de Bangladesh, Pakistán, etc., que luego serán embarcados en lanchas o barcos con destinación Italia. El costo de este “paquete de viaje” Turquía-Libia-Italia puede salir por unos € 3.000 por persona confiesa un contrabandista. Curiosa esta ruta: ¿no era que la Unión Europea había prometido € 3 billones al gobierno Erdógan para que frenara el flujo de migrantes y refugiados hacia Europa?

La Procura de Catania, Sicilia, por boca del procurador Carmelo Zuccaro recientemente ha hecho una denuncia importante: parece ser que a las costas líbicas se acercan barcos de ONG’s internacionales y que, dialogando por teléfono satelital con la guardia costera líbica y/o con los traficantes de migrantes, van coordinando los rescates de los mismos. “La sospecha, ha dicho Zuccaro “es que los barcos de organizaciones no gubernamentales sean usados como taxis por los traficantes y para fines que no son humanitarios”.

De hecho, esta noticia se viene oyendo de varias fuentes, una de las cuales es el Almirante Enrico Credendino, responsable de la “Operación Sophia”, en 2014, y desde hace 2 años Jefe de la Operación Europea NAVFOR MED, que en una entrevista al periódico “Il Corriere della Sera” afirma que “nosotros solo hemos hecho el 11,8% de los rescates. Hay ONG’s que hacen el 40% de los rescates y tienen mucha más atracción que nosotros”

¿Por qué usa la palabra “atracción” el Almirante italiano?
Porque las ONG’s usan un método bien definido, es decir “trabajan en el límite de las aguas líbicas. De noche prenden estos grandes proyectores, los traficantes los ven y envían las lanchas neumáticas o barcas de madera hacia esos proyectores”. Que las ONG’s salven o rescaten a los migrantes es lógico y correcto, sin embargo Credendino sospecha de esta actividad, que es muy costosa, de quien financia a las ONG’s y de este “modus operandi” que en realidad termina por estimular un éxodo masivo y descontrolado hacia Europa.

Las dudas del Almirante Credendino se juntan con las acusaciones de la agencia Frontex que desde algunos meses hipotiza una relación de complicidad entre las ONG’s y las organizaciones criminales de traficantes dado que el “negocio” de los contrabandistas está asegurado por las ONG’s y cada vez más protegido de posibles pérdidas, siendo que “los barcos de las misiones ONG’s los van a buscar.”

Hay que hacer un paso atrás para comprender las varias operaciones que se llevan a cabo en el mar Mediterráneo desde el 2013, por lo menos.

La Operación “Mare Nostrum” fue un conjunto de operaciones navales y aéreas llevadas a cabo por el gobierno italiano desde octubre 2013 hasta octubre 2014 para rescatar la migración irregular que llegaba a las costas italianas. Se originó por el trágico naufragio de 388 africanos, sobre todo eritreos, a pocas millas de la isla de Lampedusa. Durante este año operativo este esfuerzo humanitario de búsqueda y rescate logró salvar unas 150.000 vidas de migrantes, provenientes sobre todo de África y Oriente Medio, pero el costo de la operación era insostenible para Italia.

A partir del 1 de noviembre 2014 inició una nueva operación humanitaria coordinada por la agencia europea Frontex, la “Operación Tritón”, originalmente llamada “Frontex Plus”. A diferencia de “Mare Nostrum”, la “Operación Tritón” se centra más en una protección fronteriza de Europa y no tiene la misión ni la capacidad de búsqueda y rescate que tenía la operación italiana. A los gastos de esta operación participan 16 estados europeos.

En junio de 2015 la Unión Europea también aprobó una operación militar, la “EUNAVFOR MED”, comúnmente llamada “Sophia”, que pretende desmantelar las redes de tráfico de migrantes a través del Mediterráneo. Pero como podemos ver, la situación sociopolítica líbica, estando totalmente fuera de control, complica muchísimo la efectividad de esta operación.

Sin duda, es siempre más evidente que el flujo migratorio hacia Europa es un “negocio redondo” para varios operadores: para las mafias africanas o turcas que envían los migrantes hasta las costa líbicas y que, luego, los embarcan; para las ONG’s que van a buscar a los migrantes a pocas millas de la misma costa africana; para los centros de acogida en Italia, y en el resto de Europa, que se benefician de millonarias subvenciones públicas y, entre lo que reciben y lo que realmente prestan como servicios, logran sorprendentes beneficios.

Sobre todo porque en este modelo de tráfico humano existe también un interés oportunista de cierta clase política europea que en ciertos migrantes y/o refugiados también ven un posible apoyo político (ya hemos visto como la izquierda radical en ciertos países se beneficia del voto de africanos o medio orientales islámicos).

Finalmente, en todo este extraordinario éxodo cabe considerar si Europa tiene capacidad para acoger y dar empleo a toda esta gente cuando los mismos jóvenes europeos hoy día deben emigrar por falta de trabajo.Además, hay un creciente extremismo político que clama por volver a las “raíces” europeas y que aboga por la inmediata expulsión de migrantes y/o refugiados.

Penoso fue ver como, algunos días atrás, por televisión, jóvenes afganos eran expulsados de Alemania y llegaban por avión a Kabul habiendo perdido todo lo logrado en unos pocos años de honesto trabajo en Europa continental. Son jóvenes que buscaban una oportunidad de vida y por un tiempo lograron realizar su sueño; ahora están de nuevo a la merced del desempleo y de una potencial radicalización islámica.

Es el reto de la sociedad europea contemporánea frente a esta gravísima crisis: perpetuar con temple su cultura humanitaria-liberal sin perder sus fundamentos cristianos.

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