El nuevo Código Nacional de Policía y el fútbol

Uno de los muchos frentes en los que ha abierto controversia el nuevo Código de Policía son los eventos deportivos. ¿Deben tener presencia de la Policía? ¿No sería mejor usar estos eventos para construir convivencia en lugar de repartir castigos?

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La entrada en vigencia del Código Nacional de Policía y Convivencia (Ley 1801 de 2016)  ha suscitado un intenso debate sobre la presencia de los uniformados en los escenarios donde se desarrollan actividades privadas, entre ellas, los partidos del fútbol profesional colombiano. Por eso es importante precisar si los encuentros organizados por la División Mayor del Fútbol Colombiano (Dimayor) y la Federación Colombiana de Fútbol son espectáculos de carácter “público, privado o mixto”.

Si se toman como referencia las declaraciones de algunos directivos de clubes, habría que concluir que el fútbol es un negocio privado. En efecto, los equipos profesionales:

  • Son autónomos en la contratación del personal de apoyo para los partidos (logística, grupo de salud, etc.);
  • Definen los horarios de los encuentros;
  • Reciben pagos por derechos de televisión;
  • No tienen restricciones en la comercialización de boletería;
  • Alquilan o toman en arriendo los estadios (espacios que son de los gobiernos locales);
  • Pagan pólizas de responsabilidad extracontractual;
  • Compran y venden jugadores;
  • Reciben recursos por patrocinio;
  • Realizan campañas publicitarias, y
  • Manejan las vallas publicitarias del estadio.

Todo esto permite pensar que el fútbol colombiano cumple con referentes internacionales que lo catalogan como una industria o empresa de carácter privado. Y sin embargo:

  • Desde la perspectiva de los aficionados, el fútbol es un patrimonio identitario de las ciudades, de las regiones y del país.
  • El Estado ha asumido este deporte como un asunto público, como lo prueban la expedición de un marco jurídico que versa exclusivamente sobre este deporte, así como la elaboración de un Plan Decenal de Seguridad, Comodidad y Convivencia en el Fútbol (2014-2024) y la inversión de las administraciones locales en infraestructura para los estadios o en patrocinio de algunos clubes.

El modelo europeo

El fútbol en Colombia se ha consolidado a partir de una triada que data de sus inicios como deporte profesional a finales de la década de 1940: aficionados, clubes y Policía. Para entender el funcionamiento de esta triada hay que remitirse a Europa, y en especial a Inglaterra, el referente mundial en cuanto al modo de abordar los problemas de violencia en el fútbol.

La política europea consistió en reconocer e involucrar al hincha como parte del “negocio”.

El célebre Informe Taylor adoptó una ruta clara para manejar este fenómeno, ruta que ha sido adoptada parcialmente en América Latina. Pero aquí nos olvidamos de un elemento fundamental: los ingleses pensaron la seguridad como un principio de protección de los aficionados, eliminando cualquier tipo de sospecha o estigma sobre los espectadores. Esta lección fue aprendida a partir de un hecho que partió en dos la historia de los espectáculos deportivos: la tragedia del estadio de Hillsborough en 1989, cuando murieron casi cien personas aplastadas por la multitud. De allí en adelante, la política europea consistió en reconocer e involucrar al hincha como parte del “negocio”. Por eso se conformaron asociaciones de hinchas que se encargaban, por ejemplo, de la venta de souvenirs.

Además los partidos de la Premier League cuentan con personal de seguridad especializado para atender posibles percances, y la presencia de la Policía dentro de los estadios se ha eliminado progresivamente. Pero esto no significa que los clubes deportivos asuman tareas de orden judicial o penal, pues es el Estado el único que puede cumplir estas funciones.

Construir convivencia

En el ámbito local, alcaldes y comandantes de policía vienen planteando la necesidad de  que los administradores de los estadios asuman más responsabilidades en cuanto a la conservación del orden (sin que esto signifique que la Policía no haga presencia), ya que el aumento de la inseguridad y la escasez de efectivos siguen obligando a las autoridades a concentrarse en otras prioridades.

Pero no olvidemos que los escenarios deportivos pueden ser espacios de construcción de confianza entre aficionados y clubes deportivos. Esta iniciativa no es nueva: hace más de diez años la ciudad de Bogotá, con el programa Goles en Paz y con ejercicios de mediación liderados por un grupo civil de apoyo en las tribunas, logró organizar grupos de intervención efectiva para prevenir los conflictos dentro de los estadios.

En aquel tiempo existía un protocolo donde la acción policial era la última alternativa. Hoy la mayoría de barras cuentan con figuras similares para apoyar labores de prevención dentro y en el perímetro de los estadios. Esta es una acción que no sustituye la responsabilidad logística de los clubes, pero que logra minimizar los riesgos.

Los escenarios deportivos pueden ser espacios de construcción de confianza entre aficionados y clubes deportivos.

El desafío es cambiar imaginarios, prácticas y discursos que subrayan la presencia de la autoridad enfocada en el control y la represión. Dadas la nueva situación política de Colombia, es esencial promover ejercicios de corresponsabilidad, confianza mutua, legitimidad y autorregulación. De esta forma estaremos preparados para vivir el fútbol en sana convivencia como una fiesta animada por buenas relaciones sociales y no por estrategias de control que impongan comportamientos pasajeros a los aficionados.

Las empresas de logística y la seguridad privada están ante el reto de contribuir a crear una cultura de convivencia que logre promover la sana y adecuada formación de nuevas ciudadanías en los estadios. En este contexto la Policía ha de ser garante de los derechos y capacitarse para una actividad que tiene variables de carácter social y cultural, para llegar a hacer sentir a los aficionados como invitados de honor a su propia fiesta, en lugar de verlos como sospechosos en potencia.

Se debe promover el carácter festivo dentro de los estadios y dejar de lado sanciones por elementos como banderas, instrumentos musicales y rollos de papel, entre otros, pues estos ayudan a transformar las peleas en rivalidades simbólicas.

El Código Nacional de Policía y Convivencia se estrena en medio del escepticismo y el desconocimiento de la ciudadanía, que lo ve como un compendio de medidas represivas que no fortalece la cultura ciudadana sino que la impone. Pero las sanciones y la fuerza suelen quebrar la convivencia en lugar de ayudar a la construcción de acuerdos.

Preguntas pendientes

De todo lo anterior surgen algunos interrogantes:

  • ¿Cuáles fueron los escenarios de participación ciudadana para elaborar el Código Nacional de Policía y Convivencia?
  • ¿Cómo se entiende la convivencia deportiva en el actual contexto cultural del país?
  • ¿El Código reconoce la diversidad plurietnica y multicultural de Colombia?
  • ¿En este escenario de control social, hasta dónde se demarcan los límites del espectáculo del fútbol, sin caer en las sanciones?
  • ¿Las barras futboleras están preparadas para asumir las nuevas responsabilidades que se desprenden del Código Nacional de Policía en los estadios?

Emitida la Ley 1081 debe formularse una reglamentación acorde con este tipo de espectáculos. La experiencia ganada en Colombia en lo referente a eventos de fútbol, plasmada en la Ley 1270 de 2009, nos recuerda la necesidad de mantener procedimientos transparentes en estos asuntos.

El nuevo Código Nacional de Policía puede ganar una batalla en los eventos deportivos del país, pues estos son los mejores escenarios para poner a prueba los acuerdos y la convivencia que tanto necesitamos. En Colombia cada año se juegan un promedio de 950 partidos y nadie pone en duda que el fútbol es uno de los eventos masivos de mayor alcance en el país.

Por: Alirio Amaya Díaz y Alejandro Villanueva Bustos