El nuevo Ecce Homo: un hombre restauró una estatua del siglo XVII con un resultado desastroso

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EstatuaEl municipio español de Peñaranda de Bracamonte, en la localidad de Salamanca, se convirtió en el centro de la atención mediática cuando la iglesia de la Ermita del Humilladero encargó a un vecino la restauración de una talla de San Miguel Arcángel del siglo XVII y el resultado no fue el esperado.

Los habitantes de la localidad, que tiene unas 6.500 personas, calificaron el trabajo como “horroroso”, “ridículo” y “un atentado”. Los medios locales no dudaron en describir el resultado como “un nuevo Ecce Homo”, en relación con el caso que generó risa e indignación por igual cuando la española Cecilia Giménez intentó restaurar la pintura homónima del siglo XIX y la transformó en motivo de burla mundial.

La estatua reformada presenta características muy distintas al trabajo original del siglo XVII. Los colores y hasta la distribución de la obra, ya que la famosa lanza con la que el santo hiere al dragón fue cambiada de mano.

Por lo sucedido, la diócesis de Salamanca emitió un mensaje donde instó a las personas e instituciones que tengan a su cargo el cuidado del patrimonio histórico y religioso a ser cuidadosos y a que “su conservación y restauración se realice por los medios técnicos profesionales y artísticos más adecuados”.

La entidad católica afirmó que para la ejecución de estos trabajos se debe contar “con el conocimiento y la autorización de la Delegación Diocesana de Patrimonio Artístico y Cultural”. En el comunicado agradecieron a “los artistas, a los conservadores y restauradores del arte, pero sobre todo, al Pueblo de Dios, que con gran estima, dedicación y esfuerzo ha creado y conservado un patrimonio que sirve para su contemplación y el uso litúrgico y devocional”.

Pero como si no fuese clara la posición de la diócesis al respecto del resultado de la obra, explicaron: “A veces, la buena intención, la devoción y los escasos recursos económicos hacen que no se respeten estos criterios técnicos y profesionales y, con el desconocimiento de las personas e instituciones eclesiales encargadas de custodiar el patrimonio, se realicen actuaciones poco acertadas, que lamentamos y no aprobamos”.