El país de las maravillas

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Colombia va a cumplir tres décadas siendo gobernada por neoliberales –Barco, Gaviria, Samper, Pastrana, Uribe I y II, y Santos I y II–, quienes se han dado a la tarea de armar la arquitectura constitucional y legal para transferir toda la riqueza nacional –recursos humanos y materiales– a las multinacionales y concentrar la riqueza en unos pocos acaudalados amigos del poder, todo con el cuento de la generación de empleo, política que es un verdadero fiasco. Es bueno reiterar que la gran virtud de estos neoliberales es “la filosofía de las gallinas”: poner un huevo pero cacarearlo hasta el clímax; para ello se rodean muy bien de comunicadores, especialmente de los grandes medios de comunicación. Nos venden una realidad absolutamente virtual.

En entrevista a Jorge Sáenz, en El Espectador.com–, el 18 de este mes, el director del Departamento Nacional de Planeación, Luis Fernando Mejía, sostiene que: “En Colombia “la clase media superó a los pobres”, puesto que entre 2009 y 2016 entraron a la clase media 4.351.984… Los colombianos que abandonaron la pobreza pasaron del 32,6% al 39% y el crecimiento de la clase media consolidada pasó del 16,3% en 2002 al 30,6% en 2016. El índice de pobreza multidimensional, que no considera solo los ingresos, sino las condiciones de vivienda, acceso al mercado laboral, de educación, de salud (…) en 2010 estábamos en 30,4%; a 2018, la meta del plan está en 17,8%. Es decir, 5,1 millones han salido de la pobreza multidimensional y para 2030 lo que se busca es que esté en 8,4%… Los avances que se han observado en pobreza monetaria y pobreza monetaria extrema en el país, han sido sustanciales… La creación de trabajo y de ingresos adicionales ha estado focalizada en las personas más vulnerables, lo que se traduce en una reducción de la desigualdad. Entonces, en desigualdad Gini estábamos en 2009 en 0.557; hoy estamos en 0.517 y la meta a 2030 es 0.48 (Gini está entre 0 y 1. El 0 es cercano a igualdad perfecta)”.

Los neoliberales han cambiado, modificado y eliminado variables para obtener las estadísticas que más les sirvan para mostrarnos esa realidad que no nos corresponde. Así, en una Colombia donde la población clama por un buen empleo, nos salen con estadísticas sobre este tema que no las tienen ni los países desarrollados que sí protegen a su aparato productivo. Lógicamente, les dan la denominación de empleado a quien ha laborado una hora en la semana, al que hace sus oficios domésticos en casa, al igual que al que se pelea el espacio público para sobrevivir, o a aquel que para no dejarse morir de hambre, junto a su familia, montan “un negocio” en el que terminan trabajando a pérdidas porque les toca competir con las importaciones de las multinacionales. No en balde el adagio popular acuñó la frase que “el mejor empleador de Colombia son los semáforos”. Si, como dice el señor Mejía, el empleo está sacando de la pobreza a los colombianos, la evidencia dice que no estamos en Dinamarca sino en Cundinamarca. Nos pasa como a “Alicia en el País de las Maravillas”: se nos apareció el conejo blanco vestido con chaqueta y chaleco, que nos conduce a su madriguera, que resulta ser un horrible túnel, del cual solo saldremos el día que los colombianos decidamos apear a los neoliberales de la dirección del Estado. ¡Toca cambiar ese modelo de desarrollo!

Por: JOSÉ ARLEX ARIAS ARIAS
José Arlex Arias Arias

Comunicador Social – Periodista
arlexariasarias@yahoo.com
La Verdad, lunes 26 de marzo de 2018